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5 errores que cometemos SIN DARNOS CUENTA cuando nos duchamos...

Por más que muchas personas crean lo contrario, bañarse y ducharse no es lo mismo. Mientras que pasar un rato en la bañera realentiza el corazón, relaja el cuerpo y ayuda a conciliar el sueño, usar la ducha funciona como una inyección de energía. Curiosamente, a pesar de cuidar de la higiene a diario y usar la ducha con mucha frecuencia, por lo general no sabemos nada sobre los errores más típicos que cometemos a la hora de refrescarnos con agua. Permítenos acercarte el tema.

1. Temperatura muy alta

Si eres de las personas que disfrutan las duchas el doble cuando pueden poner la temperatura al máximo y convertir su cuarto de baño en una especie de sauna, más vale que empieces a sacarte esta costumbre. Aunque todos sabemos que no hay nada más placentero que darse un baño calentito al final de un día agotador, es importante ser conscientes de que las duchas demasiado calientes pueden perjudicarnos. ¿Cómo es posible?

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Ducharse con agua muy caliente puede provocar que tu piel comience a resecarse, y es incluso capaz de dañar su estructura. Mientras más alta sea la temperatura del agua, más probable es que termine quitando los oleos naturales de tu cutis, dejándola sin protección y propensa a las lesiones. Ni siquiera el cabello brilla cuando lo enjuagamos con agua hirviendo: por algo será, ¿verdad?
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2. Demasiado tiempo

Durante la vida, muchas veces escuchamos que "el tiempo es oro", pero prácticamente nunca asociamos este dicho con cuestiones de la higiene personal. Por más raro que parezca admitirlo, esto es una pena, ya que deberíamos prestar más atención incluso al tema del tiempo que pasamos en la ducha (o en la bañera). Resulta que, aunque lavarse conlleva muchos beneficios para nuestro organismo, hacerlo con demasiada frecuencia y durante demasiado tiempo puede causarnos problemas.

1. Temperatura muy alta

Sabiendo que el agua caliente reseca la piel, no debería extrañarnos que las duchas muy duraderas pueden incluso empeorar su condición. Por ende, si has notado que después de salir del baño tu cuerpo está cubierto de granitos, o afectado por algunos cambios cutáneos, intenta bañarte más rápido. Si buscas un lapso óptimo, mejor no tardes más de 10 minutos en usarla.

3. Espuma a tope

Pese a que en las publicidades de televisión todas las personas que se duchan están cubiertas de espuma de pies a cabeza y usan unas cantidades abundantes de cosméticos caros para cuidar de su cuerpo, la verdad es que hacer lo mismo no siempre funciona tan bien como lo muestran los medios de comunicación. Ante todo, hay que recordar que las marcas productoras de cosméticos para la ducha quieren ganar dinero y crear demanda para sus geles, espumas y jabones.

2. Demasiado tiempo

Lo que no solemos saber al respecto es que llenarnos de litros de champúes, utilizar varios geles de ducha y frotar los cosméticos contra el cuerpo para crear espuma digna de una buena propaganda termina quitando los lípidos naturales y deshidratando el cuerpo. En otras palabras, también puede provocar resequedad, así que si no puedes prescindir de un montón de espuma, usa cremas hidratantes y aceites corporales después de ducharte.

4. Esponjas viejas

No es por nada que el mercado de los productos cosméticos esté completamente lleno de diversas soluciones para todos los que quieren ducharse fácil y cómodamente. Aún así, muchas personas se acostumbran al uso constante de una sola esponja durante meses... Y definitivamente no se dan cuenta de las consecuencias que puede conllevar este hábito. Si eres de los que cambian el equipo de limpieza cada muerte de obispo, necesitas hacer algo al respecto (y cuánto antes). ¿Por qué exactamente?

3. Espuma a tope

Las esponjas húmedas y viejas suponen un entorno ideal para el surgimiento de las bacterias y hongos capaces de deteriorar nuestra salud sin que nos demos cuenta de ello. No importa cuánto te cueste hacerlo, recuerda que las esponjas y guantes de ducha deben secarse después de cada uso y cambiarse por nuevas cada 3-4 semanas. Si no sigues estas indicaciones, estás poniendo en peligro tu propio bienestar y corriendo riesgo de infecciones.

5. Uso de la toalla

Es cierto: el diablo está en los detalles, aunque el último ejemplo demuestra que esta famosa frase no sólo se aplica al mundo de la moda. En realidad incluso un detalle tan común como una toalla que usamos para secarnos después de lavarnos puede cambiar la calidad de una buena ducha. Ante todo, su uso demasiado violento no es recomendable, aunque no es la única advertencia que te hemos preparado aquí. Entonces, ¿cómo usarla correctamente?

4. Esponjas viejas

Lo mejor que puedes hacer para terminar tu ducha diaria como se debe y sacar el mayor provecho de ella, es adquirir un toallón suave y delicado. Al secarte, intenta dejar tu piel algo húmeda: de esta forma, cuando uses tu loción o bálsamo preferido (y es algo más que recomendable después de bañarse), el cosmético quedará mejor absorto por tu cuerpo y podrás presumir de una piel saludable y suave.
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Fuente: Para Los Curiosos / Giphy

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