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Publicado 2017-04-12
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Las mujeres suspiraban por él, las hipnotizaba con la mirada. Y después las asesinaba

Henri Désiré Landru no era el típico Don Juan. Era de baja estatura y apenas tenía pelo en la cabeza. Eso sí, tenía una barba contundente. “No es ningún amante”, así comentaban los ciudadanos de Francia su apariencia al ver las fotografías del procedimiento jurídico. Sin embargo, Landrú tenía algo que atraía a las mujeres como un imán. Sabía cómo ser adorable cuando quería. Además, era muy sensible, cualidad muy poco frecuente entre los hombres de su época. Lo más probable es que con eso fue capaz de seducir a tantas mujeres. “Dicen que soy un Don Juan. ¡Absurdo! Mirad mi cara fea”, así se defendía Landrú, acusado de asesinar a 11 mujeres. Se comprometía con viudas y después las mataba. Una adivina le dijo que la letra G le traería la mala suerte. Y así fue.

Enamoró a su prima

Enamoró a su prima

Antes de convertirse en un amante, era un chico normal y corriente. Nació en 1869 en París y allí pasó su infancia con sus padres. Su padre era empresario y cuidó de la buena educación de su hijo. El chico fue también monaguillo y nunca planteó ningún tipo de problemas. Hasta el momento, porque la educación muy pronto aburrió a Landrú y decidió unirse al ejército. Consiguió el rango de sargento. Mientras tanto, sedució a su prima. Después de cuatro años abandonó el ejército y a su prima también para casarse con otra mujer, con la que tendría cuatro hijos. Durante un tiempo, la familia llevaba una vida sencilla pero estable. Sin embargo, el comienzo de un nuevo siglo supuso también un nuevo estilo de vida para Landrú. Entonces fue engañado en sus negocios y descubrió que sería más fácil vivir siendo criminalista… Poco después estalló la Primera Guerra Mundial y Landrú comenzó sus increíbles fechorías.

Enamoró a su prima 1

El comienzo de la vida delictiva

Fue engañado y decidió pagar al mundo con lo mismo. Comenzó a engañar y defraudar a los demás. A veces se salía con la suya y otras veces terminaba en prisión. Durante una de sus sentencias, su padre se ahorcó porque no podía soportar cómo se comportaba su hijo que había deshonrado el buen nombre familiar. Sin embargo, Landrú no paró. Poco después comenzó la Primera Guerra Mundial, pero en vez de unirse al ejército, el hombre comenzó a desarrollar su plan diabólico. Se dio cuenta de que, debido a las incontables bajas en el frente de batalla, también incontables mujeres quedaban viudas y desesperadas buscaban marido. Por eso Landrú decidió ayudarles. Por lo menos es lo que prometía en los anuncios matrimoniales. No podía presentar su nombre verdadero porque estaba casado, por eso usaba otros nombres. A su mujer le decía que tenía viajes de negocios, cosa que su otra mitad aceptaba sin sospechas.

El comienzo de la vida delictiva

Madame Cuchet, Guillín, Héon…

A principios de 1915, una viuda de 30 años de apellido Cuchet respondió a su propuesta. Aunque su hermano advertía que no se lo tomara con prisa, la mujer y su hijo se mudaron al piso que Landrú había alquilado para su actividad. Sin embargo, ni ella ni su hijo fueron jamás vistos a partir de entonces. Sin embargo se vio sus muebles y su joyería en las manos de la esposa de Landrú. Unos meses después, la viuda Laborde-Line anunció su compromiso con un tal Monsieur Cuchet. El hombre tomó prestado el apellido de su primera víctima. Algún tiempo después, la madame Guillín anuncia que se casa. Sin embargo, la boda nunca se celebra. A principios de diciembre Landrú conoce a la viuda Héon que desaparece sin dejar rastro, pero antes de la Navidad aparece también la madame Collomb. Antes de llegar el Año Nuevo es vista por última vez. Sin embargo, poco a poco el Don Juan francés empieza a atraer la atención. Por eso decide reaccionar lo antes posible.

Madame Cuchet, Guillín, Héon…

Residencia en Gambais

Landrú aparecía en su casa sólo de vez en cuando pero su mujer lo acepta y los hijos están ocupados con sus asuntos. Sin embargo, los vecinos empiezan a sospechar que es un espía alemán que en su casa quema documentos porque de la chimenea se esparce un humo muy maloliente. Por eso el hombre decide que es hora de cambiar de lugar. Se traslada de su villa en Vernouillet a Gambais, donde compra una residencia con el dinero que ha obtenido de las viudas asesinadas. Al poco tiempo aparece allí la viuda Buisson. Se conocían de antes y por eso decide mudarse con él. Sin embargo, nunca se casaron y la mujer desapareció por completo. Su destino lo compartió madame Jaume, Pascal y Marchadier. Las mujeres comentaban a sus amigos que su amante tenía una mirada fascinante con la que las hipnotizaba.

Residencia en Gambais

La agenda con apellidos

Su plan macabro empieza a colapsar cuando termina la guerra en 1918 y los familiares empiezan a interesarse por las personas desaparecidas. En abril de 1919, la hermana de una de las mujeres reconoce al amante y decide seguirle hasta su aposento. Después llama a la policía que logra encontrar pruebas aterradoras. Los agentes interrogan a Landrú y descubren que este quiere esconder una agenda pequeña. Resulta que la agenda contenía una lista de apellidos, muchos de ellos pertenecientes a las mujeres desaparecidas. Encontraron también otras pruebas que les helaron la sangre en las venas. Entre ellas se encontraban: huesos humanos semicarbonizados, cantidades de cenizas impensables, piezas dentales y otras “reliquias” que Landrú guardaba en los diferentes cajones. No podía ser de otra manera, Landrú terminó ante un juez. ¿Qué pasó durante los procedimientos legales? ¿Cómo reaccionó el Casanova ante las acusaciones? No te lo pierdas…

La agenda con apellidos

Barba azul

Los especialistas establecieron la forma de actuar de Landrú: conocía a una mujer, la mataba, la descuartizaba y la quemaba en el horno.Henri Landrú fue acusado de 11 asesinatos, aunque lo más probable es que hubo más. Se dice que tenía unas 300 amantes en las cercanías de París. Los procedimientos duraron más de dos años y despertaron grandes emociones entre la gente. Le compararon con “Barba azul”, un personaje ficticio que era conocido por tener muchas mujeres, pero todas de ellas desaparecían en condiciones misteriosas. La única diferencia era que Landrú no reconocía haber cometido esos delitos. Admitió que las había engañado, pero mantenía que las mujeres estaban vivas. Sostenía que las mujeres simplemente se habían trasladado a otros lugares, a menudo a otros países. “Algunas perdían el interés y buscaban sensaciones nuevas. Otras se mudaban al extranjero”, defendía Landrú. Sugería también que buscaran en EE.UU., Brasil y Argentina y que las encontrarían a todas. “Sólo porque la policía no es capaz de econtrarlas, adivinais que soy responsable de su desaparición”, añadía.

Barba azul

Durante los procedimientos Landrú era despreocupado e irónico. Tenía la respuesta a cualquier pregunta. Cuando le presentaron pruebas de que quería vender la dentadura postiza de una de las mujeres por 15 francos, este replicó que por esos dientes dorados sería capaz de obtener incluso 60 francos. Las pruebas psicológicas también estuvieron a su favor. Su mujer, ajena a cualquier compromiso, protegía a su marido, confesando que no era un asesino. Cuestionaba también que le podía gustar a cualquiera de las mujeres: “Dicen que soy un Don Juan. ¡Absurdo! Mirad mi cara fea”, afirmaba. Sin embargo, el 30 de noviembre de 1921 fue condenado por 11 asesinatos que fueron probados (hubo muchos más que no pudieron ser probados con certeza). Sin embargo, ¿te acuerdas todavía de la adivina que mencionamos al principio?

Barba azul 1

La premonición

El procedimiento jurídico contra Landrú era el principal punto de interés para toda una nación. Se consultó muchos especialistas y una adivina francesa fue una de ellas. La adivina predijo que la letra G sería de muy mala suerte para Landrú, cosa que efectivamente se cumplió. ¿Cómo? Esa fue la letra por la que empezaba el nombre del lugar en el que las prometidas del asesino desaparecían, el juez que le condenó se llamaba Gilbert, el acusador - Godefroy y finalmente… guillotina también empezaba por G. Esa es la pena que recibió Landrú por sus crímenes. Después de ejecutarse la pena el 25 de febrero de 1922, las cosas de Landrú fueron subastadas. El acusado murió sin confesarse culpable por los crímenes, pero casi 50 años después de su ejecución, se encontró una carta en la que admitía sus delitos. Esperando en prisión a ser decapitado, dibujó en una hoja un horno y se la pasó a su defensor. Detrás ponía: “Lo he hecho. He quemado sus cadáveres en el horno”.

La premonición

La historia de Henrí Landrú inspiró entre otros a Charlie Chaplin. Numerosos directores de cine se basaron en su historia. En 1963, Claude Chabrol estrenó la película “Landrú”, que contaba la historia del Barba Azul. Muchas décadas después, en 2005, se dedicó también un programa de televisión a su personaje. Si la historia del Barba Azul francés te ha parecido interesante, no dudes en compartir el artículo con tus familiares y amigos.
Fuente: tvn24.pl / YouTube - CreepyNews / Starstock

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