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Publicado 2017-05-12
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8 hábitos que realizas a diario y que afectan notoriamente a tu coeficiente intelectual…

La teoría neurobiológica nos dice que el desarrollo de las diversas formas de inteligencia de un ser humano suele terminar a los 16 años, cuando se alcanza un punto crítico. Una vez pasado este punto de madurez intelectual, se cree que el coeficiente intelectual es relativamente estable. Además, el medio ambiente tiene un efecto enorme en la determinación de la inteligencia de una persona hasta que se llega al punto crítico. Sin embargo, hay algo que puede afectar a la habilidad de los individuos para pensar lógicamente, tanto en términos verbales como espaciales, además de a la hora de detectar patrones.

habitos que dañan el cerebro

Para que alguien desarrolle ciertas habilidades intelectuales, es necesario proporcionarles los estímulos ambientales apropiados durante la infancia antes de que termine el periodo crítico. Algunos factores que afectan al coeficiente intelectual de una persona son: medios tecnológicos, educación, obesidad, contaminación, nutrición y crianza de los hijos, autoestima, cultura nacional, lesiones en la cabeza, insomnio, abuso de sustancias, enfermedades mentales y, en gran medida, el estrés. ¡Avance a las siguientes páginas para saber de qué se trata!

habitos que dañan el cerebro

1. Poseer gran cantidad de medios tecnológicos

Los medios de comunicación modernos, incluyendo TV, películas, videojuegos, aparatos electrónicos, dispositivos, Internet y software informático, les están pidiendo a la gente un determinado trabajo cognitivo cada vez que participan en estas formas de medios actuales. Los videojuegos, el software y los gadgets requieren un gran pensamiento analítico y lógico para poder ser utilizados en su totalidad. Los programas de televisión son cada vez más inútiles y complejos a la vez, obligando al espectador a seguir numerosas tramas a la vez. También es cada vez más difícil darle sentido a lo que ocurre en la pantalla, presionando las habilidades analíticas de las personas y el reconocimiento de patrones. Por no hablar de la televisión basura…

2. Recurrir a las grasas saturadas de forma común

El consumo de grandes cantidades de grasas saturadas empapadas (tocino, tostadas con mantequilla y huevos fritos, por ejemplo) dificultan la función de dopamina del cerebro, un neurotransmisor vital responsable de la motivación. Los estudios demuestran que las dietas ricas en grasas perjudican la flexibilidad cognitiva, retrasan los tiempos de reacción, dañan la memoria y provocan sentimientos de depresión en roedores y otros animales. Un estudio de la Universidad de Montreal encontró que la alimentación con alto contenido en grasa puede causar “deficiencias en el funcionamiento de los circuitos cerebrales profundamente implicados en trastornos del estado de ánimo, adicción a los estupefacientes y comer en exceso”. Al igual que este caso, cuanta más grasa saturada comes, mayor deseo tendrás, pero las porciones serán mucho más grandes para saciar las ganas.

3. Empeñarse en hacer todo a la vez

Earl Miller, un experto en atención dividida y neurocientífico en el Instituto de Massachusetts, dice que “el cerebro no está conectado a la multitarea. Cuando las personas piensan que pueden hacer todo al mismo tiempo, en realidad están cambiando de una tarea a otra muy rápidamente y, cada vez que esto ocurre, hay un coste cognitivo”. Significa que usamos glucosa (combustible cerebral) más rápidamente, por lo que agotamos nuestras mentes a gran velocidad. “La multitarea evita el pensamiento profundo y creativo mientras cambiamos de un lado a otro, retrocediendo y comenzando desde cero todo el tiempo. Como resultado, los pensamientos son menos recientes y más superficiales”. El mero hecho de comprobar Instagram en mitad de un proyecto, reduce el coeficiente en 10 puntos, a medida que la mente se desvía del trabajo.

4. Acceso ilimitado a la información

Tener información ilimitada disponible 24/7 al usar un botón, tanto en casa como en movimiento, es a la vez una bendición y una maldición neurológica. Ser capaz de buscar direcciones en Google, número de teléfono, recetas, nombres, eventos, incluso lo que tus amigos han estado haciendo recientemente, significa que ya no dependes de la memoria. El hipocampo del cerebro se ocupa de nuevos recuerdos. Aunque Google no afecta necesariamente per se, afecta a la técnica que utilizamos para almacenar los recuerdos dentro de él. Por ejemplo, es más probable que recordemos dónde guardamos información, en lugar de la misma en sí, y Microsoft dice que nuestra atención ha sufrido mucho, pasando de un promedio de 12 segundos hace 15 años, a 8 en la actualidad.

5. Consumir demasiada fructosa

El consumo de fructosa, el simple azúcar que se encuentra en las frutas, miel y verduras, ralentiza efectivamente el cerebro por afectar a la capacidad de la insulina para ayudar a las células cerebrales a convertir el azúcar en energía para el pensamiento. Pero comer ácidos grasos omega-3 (aceite de linaza, caballa, arenque y trucha) contrarresta esta interrupción mental protegiendo del daño a las sinapsis, las vías químicas del cerebro. Los doctores advierten de los daños que las cosas dulces hacen a la materia gris: “Las células cerebrales necesitan glucosa para funcionar, pero mucho en poco tiempo causará una fiebre azucarera, haciéndote sentir mucho más torpe y pesado”.

6. Atracones de reality shows

Es posible que no existan pruebas concluyentes, pero la sospecha de que los reality shows pudren el cerebro puede ser correcta. Un estudio mostró que 81 participantes de un reality basado en los hooligans del fútbol no eran capaces de realizar una prueba de conocimiento general. Los responsables son los medios de comunicación; La idea de que lo que vemos, observamos, vemos y escuchamos influye en nuestro comportamiento, y se afirma que puede extenderse también al rendimiento cognitivo. En resumen, eres lo que ves y observas. “Lo que has estado viendo o pensando recientemente está a un nivel más alto de la conciencia, por lo que el cerebro se predispone a esa dirección”.

7. Jet lag y otras interrupciones nocturnas

Todos sabemos que el desfase horario nos puede dejar bastante afectados durante un día, pero en realidad los efectos pueden durar semanas. La interrupción regular de nuestro ritmo circadiano interno, el patrón del día y la noche, reduce a la mitad la tasa normal de nacimiento de neuronas nuevas en el hipocampo (el área del cerebro que trata con el procesamiento de memoria) y los efectos pueden ser perceptibles hasta un mes después de la última “ruptura”. Ya seas asistente de vuelo, médico residente o trabajador de turno rotatorio, es probable que la interrupción de los ritmos circadianos tengan un serio impacto a largo plazo en el comportamiento cognitivo y funcional.

8. Masticar chicle

No hace mucho pensábamos que la goma de mascar era algo bueno, neurológicamente hablando. “Masticar chicle es un ejercicio físico que aumenta el flujo de sangre al cerebro, estimulando la función cognitiva, dándole más energía”, decían los doctores. Pero un experimento reciente lo desmintió: el acto de masticar distrae a las personas de tareas de memoria cortas, como aprender el orden de los elementos de una lista. Cuando la gente mastica chicle durante horas, puede causar un problema con la distracción. Tan pronto como se vaya el sabor, se recomienda tirarlo. ¡Comparta este artículo con todo el mundo y no dude en dejar un Me Gusta en nuestra página de Facebook!
Fuente: StarStock / Giphy

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