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Publicado 2017-05-25
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Roger Moore: esta anécdota prueba que DE VERDAD fue James Bond

Cuando el 23 de mayo de 2017 en los medios empezaron a aparecer las noticias sobre el fallecimiento de Sir Roger Moore (89), todas las personas relacionadas con el mundo del cine sabían que nada volvería a ser igual. El actor inglés dio su último respiro en Crans-Montana (Suiza), después de una corta lucha con cáncer. Aunque fue mundialmente conocido sobre todo por encarnar a James Bond en siete ocasiones -entre los años 1973-1985- y protagonizar la exitosa serie de televisión "The Saint", quedará grabado en la memoria colectiva no solamente por su talento y destreza profesional. A diferencia de muchas personas famosas cuyas carreras se han desarrollado en la actualidad, fue también un hombre honrado, sincero y empático a más no poder.

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Cuando, en el año 2004 recibió el título de Caballero Comendador de la Orden del Imperio Británico por su dedicación a numerosas obras de caridad y trabajo humanitario, enfatizó que lo mejor de ello fue que le fuera otorgado no por su carrera como actor, sino por la ayuda que pretendía brindar a los demás. Siempre extremadamente pendientes del bienestar de sus prójimos, con los años se ha ido convirtiendo en el protagonista de un sinfín de recuerdos y anécdotas contadas tanto por sus compañeros, como admiradores.

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Una de las personas que han tenido la suerte de conocerlo fue un londinense llamado Marc Haynes, quien decidió compartir una historia de su encuentro con el intérprete el día de su muerte. En su perfil de Facebook, compartió una larga anécdota que quedó compartida por más de 20 000 usuarios y, siendo una muestra patente del humor y calidez que caracterizaban a Moore durante toda su vida, terminó incluso citada por numerosos medios de comunicación. Si te interesa conocerla y asombrarte ante la cordialidad de ese gran actor, no dudes de seguir leyendo.

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"Cuando tenía 7 años, alrededor del año 1983 (...) estuve con mi abuelo en el Aeropuerto de Niza donde vi a Roger Moore sentado cerca de una de las puertas de embarque, leyendo un periódico. Le dije a mi abuelo que acababa de ver a James Bond y le pedí que nos acercáramos para poder pedir un autógrafo. Mi abuelo no tuvo ni idea sobre quiénes fueron Roger Moore o James Bond, así que me hizo caso y me empujó adelante suyo diciendo: ´Mi nieto dice que eres famoso. ¿Puedes firmarlo?´

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Encantador a más no poder, Roger preguntó por mi nombre y firma el reverso de mi pasaje como es debido: era una nota llena de los mejores deseos. Me volví loco de alegría, pero tan pronto como hemos vuelto a tomar asiento, miré la escritura. Fue difícil de descifrar, aunque definitivamente no ponía ´James Bond´ (...). No sabía quién era Roger Moore, así que mi corazón se ha parado. Le dije al abuelo que el hombre lo había firmado mal, con el nombre de otra persona, así que él volvió a acercarse a él, con la hoja recién firmada.

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Recuerdo haber estado parado al lado de los asientos, escuchando al abuelo decir: ´Mi nieto dice que has puesto el nombre equivocado; dice que tu nombre es James Bond´. El ceño del actor se frunció cuando se percató de la situación, y me volvió a hacer señas para que me acercase. Cuando lo hice, se inclinó hacia mí, miró a su alrededor y susurró: "Tengo que usar el nombre de ´Roger Moore´, porque si no... Blofeld puede encontrarme aquí".

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Me pidió no decirle a nadie que me acababa de topar con James Bond y me dio las gracias cuando le prometí guardar su secreto. Volví al asiento, la emoción se revolvía en mi interior tanto que casi se la escuchaba. Mi abuelo preguntó si el hombre corrigió su error y le dije que no, porque le había entendido mal. Ahora fui socio de James Bond. Muchos años más tarde, trabajaba como guionista de una grabación relacionada con la UNICEF, y Roger Moore -embajador de la organización- protagonizaba un corto vídeo para ella.

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Era una persona realmente adorable y, cuando los cámaras ponian orden entre sus máquinas, le relaté el día cuando llegué a conocerlo en el Aeropuerto de Niza. Le agradó escucharla, se rió bajito y dijo: ´Bueno, no lo recuerdo, aunque me alegro por ti, si has podido conocer a James Bond´. (...) Y luego hizo algo aun más brillante. Después de terminar el rodaje, me lo volvi a cruzar en el pasillo, cuando él iba en camino a su coche...

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...Pero cuando llegó adónde estuve yo, se paró, miró a su alrededor, subió la ceja y susurró: ´Claro que recuerdo nuestro encuentro en Niza. Simplemente no he dicho nada allí, porque estaban los cámaras presentes. ¡Cualquiera puede estar trabajando para Blofeld!´ A los 30 años de edad sentí el mismo regocijo que cuando tenía 7. ¡Qué pedazo de hombre! ¡Qué hombre tan tremendo!"
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Fuente: Starstock

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