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Publicado 2017-07-19
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7 consejos que te ayudarán a dejar de gritar a tus hijos

Cuando intentas hablarle con un tono normal, tu hijo no te escucha. Subes la voz y no cambia nada, así que empiezas a gritar... E incluso entonces no siempre obtienes la reacción deseada. De hecho, si los niños ceden en momentos así, no lo hacen por respeto, sino por miedo: la verdad es que escuchar a otra persona descargarse con nosotros a gritos no provoca nada más que la acumulación de una gran carga de emociones negativas. Lo peor de todo es que los chicos a los que intentamos criar gritando no llegan a aprender a reaccionar de forma correcta ni siquiera a un tono de voz amable y suave. El proceso de aprendizaje queda bloqueado por las sensaciones fuertes y negativas, tales como el temor o la vergüenza. Entonces, ¿cómo dejar de gritarles y lograr obediencia sin tener que levantar la voz? ¡Aquí conocerás las pistas!

1. Piensa en las consecuencias de tus gritos

1. Piensa en las consecuencias de tus gritos

Muchas veces, los niños de los padres gritones empiezan a reaccionar a sus peticiones al escucharles enfurecerse o, con el tiempo, dejan de hacerles caso incluso cuando ellos montan en cólera. Lo peor de ello, sin embargo, es que esta costumbre conlleve un par de consecuencias emocionales difíciles de erradicar, tanto por parte del progenitor, como del niño. Los adultos, descontendos consigo mismos por no poder arreglárselas con sus críos, no dejan de subir la voz, mientras que sus hijos, más que amor y afecto, empiezan a sentir respeto y miedo hacia ellos. ¿No te parece triste?
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2. Recuerda las "palabras mágicas"

Desde muy temprana edad, muchas madres insisten en inculcar a sus retoños las 3 palabras mágicas: "permiso", "perdón" y "gracias". Si bien es una costumbre digna de admiración, ya que en contactos con las personas terceras suele salir de maravilla, los mismos padres terminan olvidándose de su importancia. A veces, cuando se descargan con sus peques sin necesidad, no les piden disculpas, y tampoco les agradecen ni felicitan por el buen comportamiento. ¡Cambiarlo no cuesta nada y realmente hace la diferencia!

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3. Aprende a controlar tus emociones

Casi nadie sabe reconocer las emociones tan bien como lo hacen tus hijos, y ellos aprenden a hacerlo observando tus reacciones (también las emocionales). Por ende, si eres de las personas que suelen intentar arreglárselas con sus problemas gritando, puedes estar [email protected] de que, tarde o temprano, las criaturas te tomen como ejemplo. Para impedirlo, está bien demostrar los sentimientos de forma patente, en vez de camuflarlas o traspasarlas a los demás. De esta manera es mucho más fácil prevenir las broncas...
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2. Recuerda las "palabras mágicas"

4. Enseña a tus hijos controlar las suyas

El mismo consejo debe aplicarse también a tus retoños. Cuando tus hijos te hablan de sus sentimientos o los demuestran abiertamente, ante todo responde con comprensión. Deja que estén seguros de que les entiendes, y que sus emociones son naturales. No dejes de hablar de lo que sienten e investiga el porqué: gracias a todo ello, incluso los niños más pequeños empezarán a entender los motivos de sus comportamientos, y así, podrán dominar y modificarlas como es debido.

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5. Sé consecuente y ten autoridad

Si por alguna razón no quieres o no puedes cumplir las expectativas del pequeñín (y no importa si se trata de comprar un juguete nuevo, quedarse en casa de un amiguito más tiempo o conseguirle un dulce), sé fiel a tus propias palabras. Explícale con calma por qué no va a obtener lo que quiere, y no cedas si empieza a portarse mal para forzarte a cambiar de opinión al respecto. La autoridad de los padres debe ser bien trazada y patente. Recuerda que tus niños son expertos en testear tu paciencia y resistencia y si quieres salir bien parada, no puedes dejar que te ganen.
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6. Piensa en tu propia infancia

Si te parece que no vas a poder prescindir de gritos, evoca los momentos del pasado y trata de recordar cómo se comportaban contigo tus propios padres. ¿Cómo se las apañaban en las situaciones difíciles para ti, durante la infancia? ¿Te gustaba su manera de manejar las cosas, o te sentías mal con sus reacciones? ¿Recuerdas cómo querías que se portasen contigo tus progenitores? ¿Qué te parecían sus voces levantadas? Los niños de verdad presienten cuando se les entiende y muy a menudo aprovecha la oportunidad para agradecerlo. ¡Tenlo en cuenta!

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7. Conoce el poder de los abrazos

El último -y posiblemente el mejor- consejo que podemos darte si sientes que te fallan las fuerzas y no vas a poder aguantar ni un minuto más sin estallar, tiene que ver con la muestra más típica del cariño materno. En caso de que no sepas qué hacer para tranquilizarte (y hacer que tu niño se calme), simplemente tómalo en brazos. Créenos, nada funciona mejor y de manera más relajante que sentir la calidez del cuerpo materno. Aunque te parezca raro o de poca importancia, ¡te pueden sorprender los resultados!
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Fuente: Starstock

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