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Publicado 2017-10-18
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La triste historia de las quintillizas Dionne

El 28 de mayo de 1934, en una granja ubicada en la aldea de Corbeil, Ontario, cerca de la frontera con Quebec, una madre franco-canadiense, Elzire Dionne, dio a luz a cinco niñas idénticas: Annette, Emilie, Yvonne, Cecile y Marie. Nacidas al menos dos meses prematuramente, cada bebé era lo suficientemente pequeño como para ser sostenido en una sola mano; juntas pesaban únicamente 6.35 kilos. Pocos esperaban que sobrevivieran, incluso su padre pensaba que no lo lograrían. Sin embargo, lo hicieron. Las mujeres de las aldeas cercanas trajeron leche materna, la Cruz Roja canadiense envió enfermeras y una incubadora, y se convirtieron en las primeras quintillizas supervivientes conocidas.

Pronto, el mundo comenzó a referirse a las quintillizas Dionne como los “bebés milagrosos”, y pasaron a ser un símbolo mundial de fortaleza y alegría durante la Gran Depresión. Se comercializaron todo tipo de productos en su honor, incluidas unas muñecas fabricadas por Alexander Company, que aparecieron en Wichita Antiques Roadshow en julio de 2008. Con el tiempo, las niñas se convirtieron en una atracción turística. En 1937, unos 3.000 visitantes pasaban por el complejo hospitalario “Quintland” donde estaban, con un estimado de 3 millones de turistas entre 1934 y 1943. No dudes en continuar leyendo esta interesante historia…
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Tal fue la notoriedad de las niñas, que Hollywood explotó su fama haciendo nada menos que cuatro películas sobre ellas los años 30, todas con finales felices. Pero las vidas reales de las quintillizas Dionne eran, en gran parte, tristes. En mayo de 1935, el gobierno provincial de Ontario retiró a las cinco hermanas de sus padres tras firmar un contrato con unos promotores para exhibirlas en la Feria Mundial de Chicago. Aunque el padre, Oliva, canceló el contrato un día después de firmarlo, las autoridades intervinieron de todos modos para proteger a las bebés de supuestos “gérmenes, secuestradores y explotación”.

Sin embargo, al pasar a ser custodia del estado, las chicas se volvieron la atracción turística más grande de Canadá. Durante su infancia, las enfermeras las llevaban a un balcón infantil y las mostraban a la multitud, con sus nombres escritos en una tarjeta. En los medios, la crianza se caracterizó como privilegiada, con una enfermería 24 horas, una piscina y un área de juegos propios. Pero en realidad, dicha zona estaba rodeada de un cristal blindado donde los visitantes podían acercarse y verlas tres veces al día. Desde su interior, el cristal estaba supuestamente cubierto con malla fina, aunque las niñas podían ver perfectamente las sombras de los espectadores. Prosigue leyendo a continuación…
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“Sabíamos que estaban allí”, dijo Cecile más tarde. En su autobiografía de 1963, “We Were Five”, escribió sobre el hecho de estar aisladas de otros durante su crianza, y que solo se les permitía abandonar el complejo algunas veces. “Vivimos en el centro de un circo”, dijo. “Un carnaval ambientado en medio de la nada”. Según algunas estimaciones, Quintland recaudó hasta 500 millones de dólares para la provincia de Ontario en menos de una década. Las chicas fueron utilizadas en todo tipo de anuncios, incluidos los de las muñecas Madame Alexander, la avena Quaker, productos Palmolive, la miel Bee Hive, pastas de dientes, y enlaces de guerra.

Mientras que el aparcamiento para turistas y la entrada al hospital eran gratuitas, una tienda generó millones de dólares para el estado, evitando su quiebra varias veces. Los fondos se generaron a través de souvenirs como postales, platos y muñecas Dionne (que todavía se venden ampliamente en Internet, así como el boletín de fans Dionne Quintuplet). Hubo recuerdos que surgieron incluso de la granja de la familia, como las “piedras de la fertilidad” que se vendían por 50 centavos. Las quintillizas celebraban fiestas para que los fotógrafos las vieran tallando calabazas para Halloween o sentadas en el regazo de Papá Noel y vendieran el material a los periódicos y folletos de viajes. No te pierdas lo que pasó después…
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“El dinero era el monstruo”, dijeron en “We Were Five”, “muchos de nuestro alrededor no pudieron resistir la tentación”. Aunque sus padres vivían al otro lado de la calle de Quintland, la pareja no era bienvenida y pasaron a ser unos visitantes poco frecuentes. “Apenas nos conocíamos”, recordó Cecile. A la edad de 9 años, los padres de las niñas Dionne ganaron la custodia atras una amarga batalla, pero el nuevo hogar fue “uno de los más tristes que habían conocido”. No percibieron a sus padres como los salvadores de Quintland, sino que vieron a su madre como un desamor y a su padre como un controlador, incluso tiránico. Las quintillizas dijeron que tenían la sensación de haber pecado desde la hora de su nacimiento, y más tarde, admitieron anhelar haber nacido solas en lugar de ser cinco.

“¿Quién podría ni siquiera contar las veces que escuchamos, “estábamos mejor antes de vuestro nacimiento”, y “estaríamos mejor sin vosotras”?”, escribieron las quintillizas. A los 18 años de edad, las hermanas Dionne dejaron su hogar, rompiendo casi todos los contactos con su familia. Emilie se volvió monja y murió de una convulsión en 1954. Tres se casaron y tuvieron hijos, pero se divorciaron. Marie murió de un coágulo de sangre en 1970. A mediados de 1990, las tres hermanas restantes, Annette, Cecile e Yvonne, escribieron en un libro titulado “The Dionne Quintuplets: Secretos Familiares” que su padre había abusado de ellas cuando las llevaba en el coche. Las chicas tenían miedo de hablar sobre ello con su madre, pero se lo contaron a un capellán de la escuela. Annette dijo que el consejo que les ofreció fue “usar un abrigo grueso cuando fueran en el auto”. Entérate del final de la historia a continuación…
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A pesar de los enormes ingresos generados por las quintillizas por el interés público, en el año 1941, cuando las niñas tenían 7 años, únicamente 1 millón fue depositado en su fondo fiduciario; cuando cumplieron 21 años y pudieron recibir los beneficios, solo quedaban 800.000 dólares. Su vida continuamente protegida no las preparó para el mundo real, y cuando estaban solas, Cecile dijo que las muchachas tenían serias dificultades para distinguir un centavo de un cuarto. Los fondos que proporcionaron desaparecieron poco a poco, y cuando Annette, Cecile e Yvonne alcanzaron los sesenta, vivieron juntas fuera de Montreal con unos ingresos de 746$ al mes.

En 1998, le pidieron al gobierno canadiense que las compensara por el dinero del fondo fiduciario que le habían quitado. La primera respuesta del gobierno incluyó una oferta de 2.000 al mes, pero tras una protesta pública, se alcanzó un acuerdo de 4 millones. Ese mismo año, cuando Bobbi McCaughey dio a luz a los primeros septillizos supervivientes del mundo, las hermanas le escribieron una carta abierta publicada en la revista Time. “Esperamos que sus hijos reciban más respeto que nosotras”, decía. “Los nacimientos múltiples no deben confundirse con el entretenimiento, ni deberían ser una oportunidad para vender productos”. Yvonne murió en el año 2001, dejando a Cecile y Annette como las dos únicas hermanas supervivientes. ¿Te ha parecido interesante? Si es así, comparte este artículo con todo el mundo y no dudes en dejar un Me Gusta en nuestra página de Facebook.
Fuente: Twitter

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