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Publicado 2017-10-23
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Ira Hayes: La historia del nativo americano que ayudó a levantar la bandera en Iwo Jima...

El miedo, si ninguna duda, es la lucha interna de todos. Cuando un humano ordinario se enfrenta a él, se pone en pie, se levanta contra las probabilidades y enfrenta el desafío, este hombre se convierte en héroe. Se dice que el coraje es seguir adelante y hacer lo que se debe hacer pese a estar aterrorizado, y los héroes no son más que personas comunes que, actuando en el calor del momento, pueden hacerse extraordinarias. Uno de los mayores actos de heroísmo fue realizado por el hombre más simple; Ira Hayes, un introspectivo indio nativo de 22 años de la tribu Prima y marine de los Estados Unidos.

Ira hayes

El 23 de febrero de 1945, en medio de la Batalla de Iwo Jima, fue uno de los soldados patriotas que izó la bandera de los EEUU en la cima del monte Suribachi mientras la guerra seguía azotando la roca volcánica. La imagen capturada por el fotógrafo Joe Rosenthal se convirtió en una imagen icónica, lo que le valió un Premio Pulitzer. En cuanto a la historia del heroico Marine, terminó siendo una de la historias más tristes. Para hablar de Ira Hayes, la mejor manera de hacerlo es citando a Johnny Cash, un alma brillante que logró resumir una historia con tanta conmoción: “El indio que levantó la bandera en Iwo Jima”. No dudes en continuar leyendo nuestro artículo…
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Ira hayes

Nacido el 12 de enero de 1923, hijo de un veterano de la Primera Guerra Mundial y maestro de escuela presbiteriana en Sacaton, Arizona, la capital y el corazón de la Reserva Indígena del Río Gila, Ira Hayes era el mayor de seis hermanos. Era un niña tranquilo y retraído, con una excelente comprensión del idioma inglés desde muy joven. Su devota madre, miembro de pleno derecho de la tribu Pima, aspiraba a que sus hijos fueran alfabetizados y educados miembros de este nuevo mundo del que ahora formaban parte involuntariamente, y se aseguró de que este fuera el caso. En 1932, Ira y su familia se vieron obligados a abandonar su hogar: “La avaricia del hombre blanco”, y se trasladaron a 12 millas al noroeste de Bapchule, donde continuó su educación en la Escuela India de Phoenix.

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Un día habló sobre su determinación de alistarse en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Sintió que era su deber ayudar a su patria y sus semejantes en extrema necesidad después del impactante ataque militar de Japón en Pearl Harbor. Se unió a los Marines el 26 de agosto de 1942. Tenía 19 años y estaba listo para demostrar su valía. El chico tímido se levantó y soportó la rigurosa disciplina militar; No solo eso, se ofreció para ser un “paramarine”, un paracaidista. En poco tiempo llegó a ser conocido en medio de la unidad como “Chief Falling Cloud” y fue hermano de armas en la Escuela de Entrenamiento de Parachute Marine en Camp Gillespie, en San Diego. Fue llamado a la acción y enviado al Pacífico Sur, en Noumea, Nueva Caledonia, como miembro distinguido de la Infantería de Marina. Prosigue leyendo a continuación…
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A partir de entonces fue trasladado a Guadalcanal y San Diego en lo que fueron dos grandes batallas para él y sus compañeros de guerra, con una duración de 11 meses. Después se unieron a un gran contingente de aproximadamente 70.000 Marines que desembarcó en la isla de Iwo Jima una mañana, en la “Operación Destacamento”. Fue el último esfuerzo permanente para capturar un punto estratégico cerca del territorio continental de Japón. La isla volcánica de 21 millas cuadradas era una de las fortalezas militares más fuertes para Japón, y los Aliados querían evitar que la usaran. Además, lo vieron como el mejor lugar de concentración posible desde donde podrían avanzar en su invasión de la parte continental de Japón.

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Fue el primer asalto terrestre para los Marines de EEUU en territorio japonés, y no fue fácil. Se estima que más de 20.000 soldados japoneses estuvieron presentes pero escondidos, fuera de la vista en una red subterránea de túneles excavados bajo el pico más alto de la isla, el Monte Suribachi. El resto estaban en búnkeres tallados en la propia montaña, lo que lo hacía parecer un castillo montañoso de la Edad Media fuertemente fortificado y armado. Tuvo que ser derribado, así que con todas sus fuerzas, los aliados golpearon su corazón desde el principio. Muchos de los Marines murieron, sin embargo, tras cuatro días de sangrientos combates, se escogieron a 40 hombres para escalar el punto más alto, colocar una línea de telecomunicaciones y, lo más importante, elevar la bandera. No te pierdas lo que pasó después…
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El mismo día, el 23 de febrero de 1945, seis de ellos sobrevivieron a la subida de la colina y pudieron izar la bandera mientras el momento fue capturado por Rosenthal, el fotógrafo de guerra que pudo inmortalizar a los hombres. Si bien todo conocemos la imagen que llegó a ser la representación icónica de la victoria duramente ganada de Estados Unidos y probablemente uno de los símbolos más poderosos del patriotismo entre sus ciudadanos de hoy, no se sabe mucho sobre los muchachos que levantaron la bandera. Podrían haber hecho ganar a Joe Rosenthal el Premio Pulitzer, e inspiraron a Felix de Weldon a esculpir el monumento a la Guerra de la Infantería de Marina que ahora está junto al Cementerio Nacional de Arlington, pero no trajo más que muerte o miseria para los jóvenes.

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Halon Block, un granjero de Río Grande, Texas. Franklin Sousley, de Eastern Kentucky, un niño que nunca tuvo padre y que vivió como un hombre adulto a los 8 años de edad. Mike Strank, un inmigrante checoslovaco y minero de carbón de Pensilvania. Rene Gagnon de Manchester, New Hampshire, descendiente de padre canadiense franceses. John “Jack” Bradley, un paramédico de Antigo, Wisconsin, y padre de James Bradley, quien descubrió las cartas de posguerra de su padre y escribió el libro “Flags of our Fathers”, que Clint Eastwood adaptó en la aclamada película del mismo nombre en 2006. Tres de ellos murieron al ascender: Strank, Sousley y Block, que según Bradley seguían esperando su primer beso. En cuanto al propio Hayes, el niño indio considerado no ciudadano en su propia tierra, salió ileso de la guerra pero con la cabeza cargada de recuerdos tristes de sus hermanos muertos y la imagen de un cementerio masivo que dejó atrás. Continua leyendo a continuación…
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Tras la guerra, uno pensaría que con todos esos horrores indescriptibles, los supervivientes serían atendidos y consolados. Pero necesitados de héroes nacionales, los militares enviaron a los tres hombres a una especie de recorrido. Fueron llevados de pueblo en pueblo y desfilaron por las calles de al menos 32 ciudades. Con muchas medallas como gratificaciones honorarias por sus sacrificios, pero sin la debida atención por el trauma que había sufrido, a Hayes le tocó vivir solo y con la sensación de culpa atrapada en su interior. Estaba vivo y lo felicitaban como un héroe por alzar una bandera, mientras que muchas madres y padres derramaban lágrimas sobre sus hijos fallecidos que murieron haciendo mucho más. Más que nada, se sentía traicionado y abandonado por la misma nación que juró solemnemente proteger.

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Incapaz de encontrar paz mental ni un trabajo estable y sin nadie que le proporcionara consuelo, comprensión u orientación terapéutica, Hayes ahogó sus penas en alcohol y acabó siendo un vagabundo que frecuentaba todo tipo de bares. Fue encontrado muerto en una acera cercana a su casa de Arizona el 23 de enero de 1955, con solo 32 años de edad. No habían pasado más de 10 años desde que levantó la bandera estadounidense en Mount Suribachi. Pero entre esos años, este veterano de guerra, marcado como borracho por la sociedad, hizo una caminata de 1300 millas descalzo hasta su casa para decirle a su familia que su hijo, quien fue confundido con el sargento Hank Hansen, fue el verdadero líder que sostuvo la bandera en la icónica imagen. Había intentado decirle a los militares sobre el error de identificación, pero nadie quiso escuchar. ¿Qué te parece su historia? ¡Comparte este artículo con todo el mundo y no dudes en dejar un Me Gusta en nuestra página de Facebook!
Fuente: YouTube

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Gustavo Rodas
Gustavo Rodas 25/10/17 6:00
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