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Publicado 2017-12-15
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Hace 200 años atrás las persona tenían hábitos realmente asquerosos

Hoy en día, vivimos en un mundo donde la buena higiene es una gran prioridad (al menos, para la mayoría), y así lo demuestran las filas interminables de champús, mascarillas, cuchillas de afeitar y perfumes de nuestras tiendas cotidianas. No importa quién seas, los conceptos básicos siempre están ahí: ducharse, peinarse, cepillarse los dientes, aunque cada uno lleva su propia rutina diaria. Sin embargo, la gente que vivía en el período medieval de la historia, definitivamente, tenía una idea bastante diferente a lo que buena higiene se refiere, y queda claro cuando echamos un vistazo a los hábitos que mantenían. Cuando veas exactamente cómo se las apañaban en ese momento, agradecerás haber nacidos en tiempos modernos.

1. Orinales y letrinas

Si hubieras tenido la mala suerte de ser pobre en la Edad Media, básicamente te habrían obligado a realizar tus deposiciones donde pudieras y, en caso de lidiar con algo sólido, tendrías que enterrarlo después de terminar. Si fueras rico de alguna manera, tu situación mejoraría un poco, aunque no mucho. En muchas casas Tudor había algo más privado: una pequeña choza con un agujero en el suelo donde los excrementos caían para no volver. Sin embargo, al estar en las calles, mucha gente usaba un orinal propio, que era un cuenco decorativo que servía como baño durante la noche; aunque no era una mala idea, pensar en tener que hacer nuestras necesidades en nuestro propio dormitorio y dejarlas a nuestro lado toda la noche es, cuando menos, desagradable. Pero lo peor era que, una vez el orinal estaba lleno, los desperdicios se arrojaban por las ventanas hacia las calles. A menudo se solía gritar “garde loo”, advirtiendo a los demás de que se apartaran para no ser empapados. ¡Continúa leyendo para saber más!

2. Luchar contra el hedor

Con la presencia de los desechos humanos en las calles, se puede imaginar que aquellos que vivían en la Edad Media se acostumbraron a un cierto hedor horrible en el aire. Los inodoros interiores ni siquiera eran una ocurrencia común, por lo que la duchas no existían; si combinamos eso con el hecho de que el desodorante no estaba ni pensado… imagina cómo podría oler un pueblo de gente extremadamente sucia. Con el objetivo de mantener el olor a raya de alguna manera, la gente hacía uso de un pequeño ramo de flores o hierbas, frescas o secas, que se sujetaban a la mano de alguien, se ataban alrededor de la muñeca o se unían con alfileres a la ropa. Esto fue especialmente útil cuando se caminaba entre una multitud de personas, ya que se podía llevar a la nariz para obtener un aroma a flores mientras se adentraba en un mar de cuerpos pestilentes.

3. El detergente

Si apenas se bañaban, tampoco lavaban la ropa tan a menudo como nosotros. Al estar hecha a mano, las personas disponían de muchas menos prendas a su nombre, portándolas durante semanas o incluso meses, hasta que decidían que ya no podían continuar sin ser lavadas. El detergente era una hierba floral similar a la pastilla de jabón natural: se agregaba un poco de agua y enjabonaba. Sin embargo, la eliminación de manchas era otra historia, y se usaban sustancias que hoy en día serían impensables, como cenizas, uvas verdes trituradas, plumas de pollo u orina. Sin combinamos eso con el hecho de que el agua no era precisamente excesiva, tendrás otra razón por la que nadie olía de manera agradable en ese entonces.

4. Maquillaje

En la Edad Media, el plomo era en realidad un ingrediente común en un tipo de maquillaje llamado Ceruse Veneciano, una sustancia que también era blanqueador de piel. Sin embargo, lo que muchos creían que los hacía hermosos, también les volvía increíblemente enfermos, ya que el plomo era absorbido por la piel causando envenenamiento, algo de lo que no se tenía conocimiento. El uso constante de plomo blanco en el maquillaje facial causaba pérdida de cabello y daño severo en la piel, o incluso la muerte. Además, aquellas que buscaban un poco más plenitud usaban cabello de ratón para rellenar sus cejas.

5. Alcantarillas

Los sistemas de alcantarillado eran básicamente inexistentes en la Edad Media, por lo que tenían que hacer que las cosas funcionaran de alguna manera. Los que disponían de retretes, tuvieron que vaciarlos en algún momento, aunque el proceso consistía en colocar los desechos en un agujero más grande llamado sumidero. Estos socavones se encontraban a menudo en sótanos o jardines, aunque muchos los ubicaron lejos de sus hogares por razones obvias. Los hombres que trabajaban para vaciar estas fosas eran llamados “gongs” o “jakes”, y se les pagaba muy bien por su trabajo (no es para menos). Los campesinos lo tenían peor, ya que el agua que usaban proveniente de tanques y tuberías cubiertas de plomo se estancaba, siendo un caldo de cultivo para las bacterias.

6. Medicina

Uno de los tratamientos más conocidos fue el uso de sanguijuelas para un proceso llamado derramamiento de sangre, una forma de extraer la sangre de una persona para ayudar a curarla de una enfermedad. En cuanto a la infestación de piojos, alguien sugirió que el mercurio era la solución; el único problema era que las personas que lo ingerían no solo acababan con los piojos, sino también con sus vidas. Para cosas como raspones y quemaduras, las plantas y hierbas se usaban a menudo para crear pomadas que se podían aplicar sobre ellas. Ciertas cortezas se elaboraban en tés que se debían tomar internamente para ayudar con cosas como la fiebre o el dolor de cabeza.

7. Higiene dental y menstruación

Aunque los italianos comenzaron a realizar las primeras pastas de dientes durante la década de 1700, no era algo precisamente esencial. Los ricos la usaban, mientra que los pobres hacían uso de un palillo de dientes o, como mucho, se secaban los dientes y las encías con un paño. El caso de las mujeres era mucho peor, debido principalmente a la pérdida de vitaminas durante el embarazo. En cuanto a la menstruación, en aquel entonces, las féminas no disponían de productos sanitarios, sino que usaban un paño normal que seguirían reutilizando una y otra vez para después lavarlo junto con las otras prendas. Sin embargo, la gran mayoría simplemente dejaba que todo cayera libremente. ¿Te ha parecido interesante? ¡Comparte este artículo con todo el mundo y no dudes en dejar un Me Gusta en nuestra página de Facebook!
Fuente: StarStock

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