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Publicado 2018-04-26
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Las cárceles en Corea del Norte son casi campos de concentración nazis

Como bien sabrás, cualquier norcoreano que cometa un crimen contra el régimen de Kim Jong un, como rebelarse, mostrar un comportamiento inapropiado, o cuestionar las órdenes de algún militar, es enviado a un campo de prisioneros, donde los reclusos se ven forzados a realizar trabajos forzados. Los supervivientes de Auschwitz declararon que dichos campos son igual de malos, si no peores, que los llevados a cabo por los nazis, y una comisión de la ONU declaró que el sistema penitenciario es un crimen contra la humanidad. A continuación destacaremos algunos de los testimonios más horripilantes de los que se tiene conocimiento al respecto…

Jeong Kwang-il

Jeong Kwang-il

Jeong Kwang-il trabajó como comerciante e hizo negocios con surcoreanos en China, asociándose con el enemigo bajo la ley de Corea del Norte. Como consecuencia, fue acusado de ser un espía, siendo arrastrado a un campo de concentración. Los interrogadores lo torturaron para sacarle algún tipo de confesión; lo golpearon tan fuerte que le rompieron todos los dientes, con heridas graves en la parte posterior de su cabeza. Además, fue sometido a la técnica de “la tortura de la paloma”, consistente en tener las manos esposadas a la espalda y colgarlo de la pared, de modo que sus pies quedaran suspendidos sobre el suelo. Lo tuvieron así 10 días seguidos, y tras 10 meses de sufrimientos, se vio obligado a confesar unos crímenes que no había hecho. Jeong estuvo en prisión 3 años más hasta que un guardia superior supo que había sido acusado injustamente. Cuando fue liberado, vio que tanto su casa como familia había desaparecido, así que huyó a Corea del Sur. ¡Prosigue leyendo para saber más!

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Jihyun Park

El padre de Jihyun Park estaba enfermo y le suplicó a su familia que abandonara Corea del Norte. La madre de Park sobornó a los guardias fronterizos para que les permitiera cruzar el río hacia China. Si bien uno de los agentes le prometió un buen trabajo en ese país, Park fue vendida como esposa a un granjero alcohólico por 750$, con quien pasó 6 años como esclava, trabajando 16 horas al día. Después fue deportada de nuevo a Corea del Norte para “trabajar como animales”, obligándoles a labrar la tierra sin calzado. Al final, los pies de Park quedaron totalmente desgarrados por las piedras ásperas del suelo; sus heridas se infectaron y sus piernas se gangrenaron. Fue liberada porque los guardian querían que “se muriera fuera del campo de prisioneros para evitar la mala imagen”. Se recuperó poco a poco y escapó a China para encontrar que su hijo casi muere de hambre; se enamoró de otro desertor, y los 3 se fueron a Gran Bretaña.

Kang Cheol Hwan

El abuelo de Kang Cheol Hwan fue declarado traidor del pueblo, y tanto él como su familia fueron obligados a ir a un campo de prisioneros. Kang tenía solo 10 años cuando ingresó a Yodok, y de inmediato se dio cuenta de que los otros niños eran todo piel y huesos. Tuvo que llevar troncos enormes en el hombro durante kilómetros hasta el campamento, y si un recluso no podía realizar el trabajo asignado, los guardias lo golpearían duramente. Todos permanecieron detenidos 6 meses en una celda pequeña, donde los obligaron a sentarse en agua estancada y fría. Cuando dos prisioneros trataron de escapar, fueron capturados y ahorcados en la plaza central, y el resto de reclusos tuvo que pasar por delante para tirarle piedras a los cuerpos mientras gritaban. “¡Abajo los traidores de la gente!”. Cinco años después, solo él y otro prisionero escaparon a China para ir en barco a Corea del Sur.

Kim Young-soon

Cuando era joven, Kim Young-soon había bailado para Kim Il Sung, el padre fundador de la nación. Un día, fue convocada por la policía secreta, encerrada en una habitación e interrogada durante dos meses sobre su conocimiento de los altos cargos del partido. Aunque no sabía nada, se la llevaron, junto a sus cuatro hijos pequeños y sus padres, a Yodok, donde apenas había comida. Solo podían comer maíz y sal, y si un recluso no cumplía con su trabajo diario, sus raciones eran reducidas. Se vieron obligados a comer cualquier cosa, como ratas, salamandras o serpientes, que proporcionaban proteínas muy necesarias.

La gente no podía encontrar comida, y todos estaban debilitados por desnutrición. Kim vio a la gente “caer muerta todos los días”, y casi toda su familia perdió la vida. Kim fue liberada 9 años después, cuando un oficial militar visitante, que conocía a su hermano, la reconoció. Compró documentos falsos y cruzó a China. Desde allí, se dirigió a Corea del Sur, y más tarde, descubrió el motivo de su encarcelamiento. Una vez fue amiga íntima de Sung Hye-rim, la primera esposa de Kim Jong Il. Las circunstancias del matrimonio fueron escandalosas: Sung ya estaba casada y tenía un hijo, a quien dejó para estar con Jong. Los funcionarios quisieron mantener la vida de Sung en secreto, por lo que encarcelaron a todos los que alguna vez la conocieron. Entérate de los últimos testimonios a continuación…

Jihyun Park

Ahn Myong Chol

Esta chica trabajó como guardia de prisión durante más de una década. Ahn fue entrenada para que los reclusos no fueran tratados como seres humanos; debía matar a cualquiera que intentara escapar, ya que sería recompensada después. Ahn fue testigo de cómo uno de sus colegas ordenaba a un prisionero a trepar una cerca de alambre de púas, aunque al final le disparó para poder ir a la universidad. También vio a dos chicas pequeñas pelearse por tratar de alcanzar un fideo que había en un estanque contaminado, donde arrojaban toda la basura. Cuando un guardia pasó por ahí, empujó a las niñas al estanque, cayeron y se ahogaron. Pero lo más horrible para Ahn fue cuando tres perros se soltaron de su guía y atacaron a cinco niños, matando a 3 al instante y dejando a 2 agonizando; los guardias comenzaron acariciaron a los perros y les dieron comida como recompensa. Ahn no aguantaba estar ahí, así que condujo su camión hasta la orilla y nadó hacia China para huir a Corea del Sur.

Ji Hyeon-A

Esta mujer dejó Corea del Norte en tres ocasiones, pero en cada una de ellas fue atrapada y enviada de regreso. Ji estaba embarazada la tercera vez que fue devuelta, y como el régimen no tolera bebés de raza mixta, la obligaron a abortar; tuvo que hacerlo sin medicación en mitad de una estación de policía local. Luego fue enviada a un campo de trabajo, donde fue testigo del abuso de otras mujeres encinta. Ji dijo que por las noches escuchaba unos gritos muy fuertes, mientras las chicas abortaban. También presenció a una mujer dar a luz a los ocho meses, tras un día completo de trabajo. La madre estaba muy feliz de abrazar a su hijo, pero ese momento fue terrible. Un guardia le ordenó ahogar a su bebé. La madre suplicó misericordia, pero finalmente tuvo que hacerlo. Ji fue liberada de la prisión y escapó del país para reunirse con su familia. ¡Comparte este artículo con todo el mundo y dale a Me Gusta en nuestra página de Facebook!
Fuente: StarStock/Twitter

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