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Publicado 2018-10-01
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La terrible historia de Elisabeth Fritzl: más de 20 años encerrada por su padre

El 28 de agosto de 1984, Elisabeth Fritzl, de 18 años, desapareció. Su madre Rosemarie rellenó los informes de la policía, tratando de averiguar el paradero de su hija. Durante semanas no hubo ni rastro de ella, y sus progenitores se temían lo peor. Entonces, de la nada, llegó una carta de la joven, afirmando que se había cansado de su vida en familia y se había marchado de casa. Josef, su padre, le contó al inspector que acudió a su morada que no tenía ni idea de a dónde podría haber ido la chica, pero que posiblemente se había unido a un culto religioso, algo de lo que había estado hablando durante un tiempo.

No obstante, la verdad era que Josef Fritzl sabía exactamente dónde estaba su hija. Concretamente unos 20 metros bajo el punto en el que el policía conversó con él. A continuación relatamos la terrible historia de Elisabeth Fritzl, y la tortura a la que le sometió su progenitor.

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El 28 de agosto de 1984, Josef llamó a su hija en el sótano de la casa. Él estaba reinstalando una puerta para la bodega y necesitaba ayuda para cargarla.

Mientras Elisabeth agarraba la puerta, él la ajustó en su lugar. Tras terminar de unir las bisagras, la abrió y forzó a su hija a entrar. Después la golpearía y la dejaría inconsciente con una toalla mojada en éter.

Durante los 24 años siguientes, el interior de un sótano de paredes sucias fue lo único que Elisabeth podría ver. Su progenitor mentiría a su mujer y a las autoridades, inventándose historias sobre su supuesta marcha voluntaria.

Eventualmente, la investigación de la policía sobre su rastro se agotó, sin pistas, y el mundo se olvidó de la chica desaparecida. Pero Josef no se olvidó, y se lo dejaría muy claro a su descendiente. Tal y como su familia sabía, el hombre bajaba cada mañana a las 9 al sótano para trabajar en las máquinas que vendía. A veces pasaba noches allí, pero su mujer sabía que estaba dedicado a su carrera y se esforzaba mucho.

Por su parte, Elisabeth sabía que Josef era un monstruo. Como mínimo la visitaba 3 veces a la semana, normalmente una vez al día. Durante los 2 primeros años, la mantuvo presa. Más tarde comenzó a abusar de ella, continuando las visitas nocturnas que habían comenzado cuando su descendiente tenía 11 años. A los dos años de su cautividad, Elisabeth quedó embarazada, a pesar de que tuvo un aborto involuntario a las 10 semanas. Dos años más tarde, volvió a quedar encinta, esta vez teniendo un infante.

En agosto de 1988, un bebé llamado Kerstin fue alumbrado. Otros 2 años después, otro chico llamado Stefan. Ambos infantes permanecieron en la bodega con su progenitora durante su confinamiento, con raciones semanales de agua y comida.

Elisabeth trató de enseñarles la educación básica que tenía, y les dio la vida más normal que podía entregarles bajo sus horripilantes circunstancias.

Durante los 24 años, Elisabeth daría a luz a 5 niños más. Uno más fue recluido junto a ella en el sótano, otro falleció poco después de nacer, y otros 3 fueron llevados a la casa para vivir con Rosemarie y Josef. Pero Josef no se limitó a llevarlos con él.

Para que Rosemarie no sospechara de sus actos, planeó elaboradamente los descubrimientos de los infantes, a menudo situándolos cerca de los arbustos de la vivienda o en los escalones junto a la puerta. Cada vez, el niño sería envuelto con cuidado y acompañado de una nota escrita por Elisabeth, que explicaba que no se podía hacerse cargo del bebé y se lo cedía a sus progenitores.

Asombrosamente, los servicios sociales nunca preguntaron sobre la aparición de los infantes y permitieron a Fritzl quedárselos como si fueran sus hijos. Las autoridades tenían la impresión de que Rosemarie y Josef eran sus abuelos.

No se sabe durante cuánto tiempo Fritzl intentaría mantener a su hija cautiva en el sótano. Lo había conseguido durante 24 años, y por lo que descubrió la policía, podría haber durado otros 24. No obstante, en 2008, un chico de la bodega cayó enfermo.

Elisabeth suplicó a su progenitor para que dejara a Kerstin, su hija de 19 años, obtener atención médica. Su salud estaba en situación crítica y Elisabeth estaba fuera de sí. A regañadientes, Josef accedió a encargarse de ella y llevarla a un hospital. Sacó a Kerstin del sótano y llamó a una ambulancia, afirmando que tenía una nota de su madre explicando su condición.

Durante una semana, la policía le preguntó a Kerstin e hizo un anuncio público para recopilar cualquier información de su familia. Pero no había nadie con quién hablar. Las autoridades finalmente sospecharon de Josef y reabrieron la investigación de la desaparición de su hija. Comenzaron a leer las cartas que Elisabeth había escrito sobre su marcha y hallaron incoherencias en ellas.

Ya fuera por sentir la presión o por un cambio de actitud, Josef liberó a su hija de su prisión, 24 años después, en abril de 2008. Elisabeth acudió inmediatamente al hospital para ver el estado de su infante. Los empleados del centro de salud alertaron a la policía de su sospechosa llegada.

Aquella noche fue detenida e interrogada sobre la enfermedad de su hija y la historia de su padre. Después de hacer prometer a la policía que nunca más vería a su progenitor, Elisabeth contó el relato de sus 24 años en prisión. Josef estuvo abusando de ella cada noche desde los 11 años, haciéndola ver grabaciones para adultos y teniendo 7 infantes con ella.

Después del arresto, los niños de la bodega también fueron liberados y Rosemarie huyó del hogar. La madre de Elisabeth nunca supo nada, y los infantes liberados no llegaron a enterarse de lo que pasaba. Josef explicó los extraños ruidos de la parte baja diciendo que se debían a un fallo en las cañerías y a un calentador en mal estado.

Actualmente, Elisabeth vive bajo una nueva identidad en un pueblo austríaco conocido como “Pueblo X”. Un hogar vigilado constantemente por las autoridades. La familia no permite entrevistas de ningún tipo. A pesar de que tiene más de 40 años, la última instantánea que se tomó de ella fue con 16.

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Los esfuerzos por darle una nueva identidad fueron realizados para ocultar su pasado de los medios y dejarle vivir una nueva vida. Sin embargo, esto ha hecho de su historia algo más recordado por todos. Así llegamos al final de nuestro artículo, un lamentable relato que nos muestra hasta dónde puede llegar la maldad humana. ¿Qué te ha parecido? Coméntanoslo. Si te agradó dale like y comparte con tus amigos y familiares.
Fuente: Twitter/Facebook-1

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