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Publicado 2018-10-04
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¿Quién robó el cerebro de Einstein? La historia de la profanación de una mente brillante

El cerebro de uno de los científicos más famosos de la historia experimentó una odisea de la que pocos son conscientes. Hay muchas opiniones sobre si Einstein poseía o no una estructura cerebral única, pero pocos estarían en desacuerdo con que el siguiente relato parece sacado de una película de suspense. El 18 de abril de 1955, Albert Einstein, el físico teórico que revolucionó el mundo, fallecía en Nueva Jersey, USA. Poco después de la autopsia realizada en el Princeton Hospital de la citada ciudad, el médico que lo trató, Thomas Harvey, decidió robar su cerebro. A continuación te contamos todos los detalles de este peculiar caso…

Al principio nadie se dio cuenta, y Einstein fue incinerado al siguiente día según sus deseos. Sus cenizas fueron dispersadas en el río Delaware.

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No obstante, sus ojos y su cerebro permanecieron en paradero desconocido.

Su hijo, Hans, encontró en el velatorio que el cuerpo no estaba intacto, y sus miedos se confirmaron cuando leyó en el periódico que el cerebro se había extirpado debido a un “estudio científico”.

Parecía que el objetivo de Harvey era hacerse famoso llevando a cabo análisis científicos sobre el cerebro de Einstein, esperando que nadie le tuviera en cuenta que lo había robado.

Einstein nunca sugirió que su cerebro podía ser donado a la ciencia, y según su biógrafo, quería ser cremado para que nadie fuera a “rendir culto a sus huesos”.

No obstante, el remover órganos de los pacientes fallecidos no estaba prohibido en aquella época, pero eso no justifica semejante acción si el permiso de la familia.

El descendiente de Einstein se enfadó mucho cuando se enteró del verdadero paradero del cerebro de su progenitor, pero tras hablar con Harvey creyó que todo era por un bien mayor.

La revista National Geographic apunta que Harvey perdió su trabajo en el hospital, pero se llevó el órgano con él a Philadelphia.

Más tarde el cerebro fue escindido en 240 bloques y preservado cientos de tiras de celulosa que después se dividieron en dos frascos.

El se quedó con la mayor parte, pero diversas muestras fueron enviadas a instituciones de todo el país.

En 1995, después de haber fotografiado el cerebro, incluso llegó a encargar un retrato a un artista.

Su mujer amenazó con tirar los frascos, pero Harvey obtuvo un trabajo en un laboratorio biológico y escondió el cerebro en un congelador de cervezas.

A pesar de habérsele permitido mantener e investigar los restos de Einstein, Harvey no estaba capacitado como neurólogo.

A pesar de que compartió relatos sobre del cerebro con el poeta William Burroughs, este órgano fue olvidado en poco tiempo sin llegarse a investigar.

Con el paso del tiempo, emergieron diversos estudios. En 1985 apareció el primero, en diversas revistas científicas.

Un artículo de la revista Lancet de 1999, se titulaba: "El excepcional cerebro de Albert Einstein", y trataba de entender "el paradigma del sustrato neuroanatómico de la inteligencia", con muy poco éxito.

Muchas otras entrevistas, incidentes surrealistas e investigaciones se dieron durante todo el siglo XX. Harvey llegó a mostrar el cerebro de Einstein a la nieta del científico cuando tuvo que estudiar en Princeton para recuperar su licencia médica, la cual había caducado.

Harvey falleció en 2007. Donó los restos del cerebro que aún conservaba al Hospital de Princeton poco antes de su muerte.

Actualmente se puede contemplar en el Museo Mütter, en Philadelphia, USA. Así llegamos al final de nuestro artículo, esperamos que te haya inspirado o al menos entretenido. ¿Qué te ha parecido? Coméntanoslo. Si te agradó dale like y comparte con tus amigos y familiares.
Fuente: Twitter/Facebook

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