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Publicado 2018-10-09
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Goiânia: el peor accidente nuclear desde Chernóbil

El 24 de septiembre de 1987, Leide Ferreira, una niña de seis años, vomitó a los diez minutos de comerse un sándwich de huevo. Al día siguiente, sus padres también comenzaron a vomitar. Ese malestar fue aumentando, seguido de extraños dolores, ronchas y quemaduras. Cuando la madre de Leide, María, fue a una clínica de salud pública en Goiás, el médico atribuyó sus síntomas a una intoxicación alimentaria y la envió de regreso a casa. La abuela de Leide, que vino a ayudar a su familia, también enfermó; las lesiones acabaron dañando su piel y provocando la caída del cabello. Los vecinos empezaron a pensar que tenían SIDA, pero no tenían ni idea de lo que estaba a punto de suceder...

El 28 de septiembre, María volvió arrastrándose al consultorio médico y depósito en su escritorio una bolsa de plástico pequeña llena de polvo azul iridiscente; según ella, eso había sido el culpable. La doctora descartó sus afirmaciones como tonterías supersticiosas y la ingresó en un hospital de enfermedades tropicales...

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Sin embargo, otro médico de la clínica llamó a un físico de la salud para que analizara la misteriosa bolsa. Al día siguiente, 112 mil personas se vieron acumuladas en el estadio olímpico, haciendo cola en tiendas de campañas construidas de forma apresurada para ser examinadas en busca de envenenamiento por radiación...

Goiânia es la capital del estado de Goiás, en el centro de Brasil, con casi 1.3 millones de habitantes. En 1971, una clínica local de tratamientos contra el cáncer adquirió una máquina de radioterapia, pero cuando cerraron 14 años después, los gerentes dejaron la máquina obsoleta allí, sin siquiera notificar al estado ni a la Comisión Nacional de Energía Nuclear de Brasil...

La clínica pasó, con el tiempo, por el proceso habitual de degeneración. Para 1987, el edificio se había reducido a tres paredes destartaladas con grandes agujeros que asomaban por cada costado, sirviendo de "hogar" para las personas sin techo. La antigua sala de tratamientos contenía excrementos humanos y la máquina radiológica permanecía relativamente intacta: parecía un cruce entre un telescopio enorme y una silla de dentista...

En un momento dado, la máquina fue descubierta por Roberto dos Santos Alves y Wagner Mota Pereira, dos locales que se ganaban la vida vendiendo chatarra. El 13 de septiembre, trajeron una carretilla al edificio en ruinas, desarmaron el pesado ensamblaje exterior y llevaron el núcleo metálico de regreso al taller del tío de Leide, recibiendo unos 25 dólares por ello...

Cuando los empleados de Devair Ferreira rompieron el núcleo, encontraron otro pequeño contenedor interior. Ernesto, uno de los ayudantes, consiguió abrir la cápsula con la ayuda de un destornillador. Su curiosidad fue recompensada con un poco de polvo azul brillante, resplandeciente y de consistencia variable: algunos cristales eran como granos de arroz, mientras que otros eran simplemente arena...

Los granos estaban estaban sin apretar en una especie de torta desmenuzada, que Ernesto rompió y disolvió entre sus dedos. Más tarde, los testigos dijeron que recordaban llamarlo "brillo de carnaval". Ernesto eligió uno de los cristales azules más grandes para convertirlo en un anillo para su esposa, así que se lo metió en el bolsillo y volvió al trabajo. El polvo había cautivado a todos...

Hubo quien metió un dedo en el polvo para dibujar una cruz en su abdomen. María dormía sobre ropa de cama cubierta por el polvo azul brillante. Otros vecinos llegaban a casa de los Ferreira para llevarse algo de polvo y tener buena suerte, y Leide, de 6 años, se lo frotaba en los brazos para que brillara y brillara. Sin embargo, no era nada mágico, aunque tenía varias propiedades poderosas: la sal, llamada cloruro de cesio, se usaba en la máquina de radioterapia...

A medida que su ingrediente activo, el cesio-137, se desintegra, emite dos productos radiactivos: las partículas beta y los rayos gamma, que dañan el cuerpo. Las partículas beta son simplemente electrones, viajando despacio y sin mucha fuerza. En el peor de los casos, puede irritar la piel y causar quemaduras, pero la piel puede resistir cualquier daño interno. Pero cuando son ingeridas, la historia cambia...

En el interior son mucho más dañinas, ya que toda su energía queda atrapada dentro de un radio pequeño. Cuanta más energía quema el electrón en cada célula, peor es el daño y más se rompen las cadenas de ADN. El otro producto es la radiación gamma, mucho más penetrante; pueden atravesar los órganos, músculos y huesos sin problemas. En lugar de irritar la piel, fríe todo lo que se encuentre a su paso...

Las partículas que Leide había frotado sobre su piel se adhirieron al sándwich y causaron estragos en su estómago y células intestinales durante la digestión, llegando hasta sus pulmones al respirarlo. Una vez que el CNEN se dio cuenta de la magnitud de la contaminación, la organización lanzó una amplia red para probar el mayor número de personas posible...

La mayoría de las personas sobrevivieron porque estuvieron expuestas a menos de 1 Gris. Sin embargo, varios perdieron los dedos y 23 sujetos fueron tratados por quemaduras intensas, requiriendo injertos de piel. Ernesto, el trabajador de la chatarra embriagado por el polvo, recibió intensas quemaduras térmicas en sus manos y su muslo derecho, donde el trozo de cesio-137 destinado al anillo de su esposa se había quemado en su bolsillo...

A los hombres que desmentaleron la máquina de radioterapia les fue bastante mal. Pereira y Alves estuvieron expuestos a unas dosis muy altas desde que la movieron; a finales de octubre murieron de una hemorragia interna...

Para Leide y su madre, la única atención que el hospital podía ofrecer era paliativa; Leide recibió una dosis interna estimada de 4 grises (solo por inhalación e ingestión) y murió el 23 de octubre, el mismo día que su madre. La enterraron en un ataúd de plomo, sellado con hormigón...

Pero la muerte de Leide fue solo el primer temblor de lo que sucedería en Goiânia. Unos milímetros de cloruro de cesio provocaron una contaminación global en toda la ciudad, una catástrofe política y económica, y 13 toneladas y media de desechos nucleares, todo eso solo el primer mes...

Lo que hace que el incidente de Goiânia se tan instructivo es que, a diferencia del desastre de Chernóbil, que arrojó estroncio, cesio, yodo y toda una variedad de caracteres desagradables, aquí el único contaminante fue el cesio-137, uno de los más peligrosos...

De hecho, ha sido posible rastrear los efectos, durante más de 30 años, de una única fuente de un solo isótopo radiactivo...

El New York Times informó que los reactores nucleares de la planta de Fukushima Daiichi, en Japón, descargaron principalmente yodo-131 y cesio-137...

Sin embargo, de acuerdo al ingeniero nuclear del Laboratorio Nacional de Argonne, Shih-Yew Chen, es el cesio lo que provoca una evacuación sin precedentes debido a su magnitud y peligrosidad. Además, en Japón, las mediciones de suelo de cesio-137 también fueron sorprendentemente altas a raíz del accidente de la centrar nuclear.¿Qué piensas al respecto? ¿Conocías el caso de Goiânia, en Brasil? ¡Comparte el artículo con tus allegados y dale a Me Gusta en nuestra página de Facebook!
Fuente: Twitter/Instagram

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