Increíble!

Publicado 2016-09-30
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Si piensas que tu cuarto está sucio… no querrás ver hasta qué punto llegaba la falta de HIGIENE en la EDAD MEDIA

En las películas de Hollywood que están ambientadas en la Edad Media, es normal ver a ciertos nobles acaudalados y demás damas perfectamente vestidas y peinadas, así como llenas de joyas. Usaban ropas que destacaban, por lo general, por su blancura y pulcritud. Pero lo cierto es que todo eso es falso, ya que en realidad el pasado no destacó precisamente por ser una época en la que te hubiera gustado vivir.

Edad Media

Entre la caída del Imperio Romano en el año 476, y hasta el descubrimiento de América en 1492, la higiene personal no se consideraba como algo prioritario, en términos generales. Los médicos tenían la creencia de que el agua, sobre todo la caliente, debilitaba los órganos, dejando el cuerpo expuesto a condiciones insalubres que, de llegar a penetrar en los poros de la piel, podrían transmitir todo tipo de enfermedades. Pero si crees que esto era lo único… ¡Sigue leyendo y te asombrarás!
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También llegó a extenderse la idea de que una capa de suciedad protegía contra las enfermedades y que, por lo tanto, el aseo personal debía de hacerse “en seco”, es decir, usando exclusivamente una toalla limpia para frotar las partes expuestas del cuerpo. Los médicos solían recomendar que los niños se limpiaran el rostro con una tela blanca para limpiar el sebo, pero en demasía para evitar retirar el color natural (suciedad) de la piel.

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En realidad, los galenos consideraban que el agua era perjudicial para la vista, que podía provocar dolor dental y catarros, empalidecía el rostro y dejaba los cuerpos más sensibles al frío durante el invierno y la piel reseca en verano. Además, la iglesia condenaba el baño por considerarlo un lujo innecesario y pecaminoso. La falta de higiene no era una costumbre exclusiva de los pobres, el rechazo por el agua también llegaba a las esferas más altas de la sociedad.

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Las damas más entusiastas del aseo se bañaban, como mucho, dos veces al año, y el propio monarca sólo lo hacía por prescripción médica y con las debidas precauciones. Los baños, cuando tenían lugar, eran tomados en una tina enorme llena de agua caliente. El padre de la familia era el primero en tomarlo, luego los otros hombres de la casa por orden de edad y después las mujeres, también por orden de edad. Al final llegaba el turno de los niños y bebés, que incluso podían perderse dentro del agua sucia.

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No es de extrañar que los niños de aquella época tuvieran un desagrado por el baño. Todo era reciclar. Había gente dedicada especialmente a recoger los excrementos de las fosas sépticas para venderlos como abono. Los tintoreros guardaban la orina en grandes recipientes, que después utilizaban para lavar pieles y blanquear telas. Los huesos también eran triturados para hacerlos abono. Aquello que no se reciclaba era tirado a la calle, porque los servicios públicos de limpieza urbana y sanidad no existían o eran insuficientes.

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Las personas tiraban su basura y residuos en cubetas por las puertas de sus casas o castillos. ¿Puede imaginarse la escena? El sujeto despertaba por la mañana, tomaba el orinal y lanzaba el contenido por su propia ventana. La pestilencia que las personas desprendían por debajo de sus ropas era disipada por los abanicos. Pero sólo los nobles tenían el privilegio de poseer lacayos para hacer dicho trabajo. Además de camuflar el aire, también servían para ahuyentar los insectos que se acumulaban alrededor.

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El típico príncipe de cuento de hadas olía peor que su propio caballo. En la Edad Media, la mayoría de los matrimonios se celebraban en el mes de junio, de forma que coincidiera con el verano boreal. La razón era simple: el primer baño del año era tomado en mayo, de ese modo, en junio, la olor desagradable de la persona era todavía soportable. De cualquier forma, como algunas personas apestaban más que otras o simplemente se rehusaban a tomar el baño, las novias solían llevar ramos de flores al lado de su cuerpo en los carruajes para camuflar el mal olor.

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Por eso se convirtió en una costumbre celebrar los matrimonios en mayo, después del primer baño. No es casualidad que mayo sea considerado el mes de las novias y que de allí naciera la tradición del ramo de flores. En los palacios y casas de familia, la existencia de baños era prácticamente nula. Cuando surgían “las necesidades mayores”, el fondo del patio o un matorral eran los elegidos, según la preferencia de la persona.

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Tampoco era raro ver también a alguien cagando en las calles. Los sistemas de drenaje aún no existían, por lo que las ciudades medievales eran verdaderos depósitos de basura y excrementos. Las grandes metrópolis, como Londres o París, podían ser consideradas en aquel tiempo como algunos de los lugares más sucios del mundo. Los más ricos, además, podían poseer platos de estaño, y ciertos alimentos oxidaban el material, llevan a mucha gente a morir envenenada sin saber por qué.

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El rey Enrique VIII, famoso por romper con la Iglesia Romana y por haberse casado en seis ocasiones, tenía más de 200 empleados que le servían como cocineros, cargadores, agitadores...etc. Pero los sirvientes, con la peor de las suertes posible, eran aquellos que debían cuidar de las “necesidades” del rey: tenían que quitarle los piojos una vez al día, limpiarle el trasero después de hacer sus necesidades y lavar sus partes íntimas mientras el rey estaba sentado. Más desagradable resultaba cuando la reina estaba embarazada y el monarca tenía ciertas necesidades, porque uno de los sirvientes, ya fuera hombre o mujer, debía “realizar el coito” con el rey.

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Esto, por supuesto, era realizado en frente de varias personas, que después del “acto” debían cambiar sus ropas. Sin embargo, incluso ante toda esa porquería, cuando un noble viajero o cualquier miembro de la nobleza se presentaban ante el rey o la reina, debía inclinarse en señal de veneración, y si por cualquier motivo, justo en ese momento, tenía que liberar una flatulencia frente al monarca, la pena era el destierro. El desafortunado flatulento era enviado lejos y no podía volver durante 7 años, y sólo si el rey admitía su retorno.

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Esto muy probablemente dio origen a la vergüenza y desaprobación de peerse frente a otras personas, pese a que es un acto natural y común de todos los mamíferos. Así que, cuando tu madre te diga alguna vez que eres un guarro porque no recoges el cuarto, llevas más de 3 días sin ducharte o te huelen los pies a queso roquefort, no te preocupes, porque sabes que en la Edad Media, eso era como usar perfume Hugo Boss. Si te ha parecido interesante, no dudes en compartir esta información con todos tus familiares y amigos fanáticos de la historia, y en dejarnos un Me Gusta en nuestra página de Facebook.
Fuente: marcianosmx.com

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