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Publicado 2015-10-22
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Los Ovitz: la increíble historia de los enanos de Auschwitz

“¡Ahora tengo trabajo para los próximos 20 años!”-exclamó, según cuentan, el doctor Josef Mengele al ver un grupo de estos impresionantes presos del campo de concentración Auschwitz. Una familia de enanos (que, por si fuera poco, eran judíos) en teoría no pudo haber sobrevivido la estancia en la fábrica de la muerte creada por los nazis en el territorio polaco. Sin embargo, los Ovitz han sobrevivido y fueron liberados del campo a finales de la segunda guerra mundial.

Provenían de la región que trae a la mente al famoso conde Drácula: Transilvania. El cabeza de la familia, Shimson Eizik Ovitz era un artista itinerante, pero también un religioso judío jasídico, por lo cual creía que “al Señor hay que servirle con alegría”. Shimson, afectado por la acondroplasia (una enfermedad genética que se manifiesta con una estatura baja), pasó dicha idea a sus diez descendientes, de los cuales siete también nacieron enanos. La familia veneraba a Dios con el baile, la música y el canto, y terminó manteniéndose a base de ello. Los Ovitz crearon la Tropa de Liliputienses y muy rápidamente se hicieron populares viajando por Rumanía, Hungría y Checoslovaquia.

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Entre las canciones (a las que los Ovitz cantaban en cinco idiomas), el público se partía de risa gracias a sus chistes e improvisaciones graciosas. Además, los enanos maravillaban a todo el mundo tocando instrumentos hechos a medida: las miniaturas de violín, chelo, guitarra o acordeón. No obstante, la buena racha terminó en otoño de 1940, cuando el ejército húngaro -los aliados de la III Reich de Alemania- entró en la Transilvania del norte. Un día de primavera del 1944, toda la familia fue metida en un vagón de carga y llevada al noreste...

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Primero llegaron al gueto levantado en la localidad de Dragomiresti. Arie, uno de los hijos de Shimson que tuvieron la estatura común intentó escaparse, pero fue capturado y fusilado. Poco después, la familia fue trasladada al campo de concentración en Auschwitz. Ya en la rampa han captado la atención de los guardias que de inmediato informaron sobre ellos al demoníaco doctor Josef Mengele. En teoría, Mengele cumplía la función del médico, pero en realidad fue un hombre maniático y su idea consistía en crear una pura raza aria. Sus chocantes e inhumanos experimentos efectuados sobre los pacientes iban a acercar al Reich a su fin.

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En uno de los bloques aislados, llamado “zoo” por el mismo Mengele, estaban amontonadas todas las personas con anomalías y discapacidades. Allí fueron mandados los Ovitz que pronto se convirtieron en un gran desafío “científico” para el doctor Mengele. Para la gran mayoría de los prisioneros, un encuentro con el médico significaba el fin de la vida, pero la familia de enanos constituía un valioso “material de investigación” para este “Ángel de la Muerte” que consideraba su peculiar condición un “escalón evolucionario de los semitas”. Gracias a ello, la familia de enanos pudo ser tratada mucho mejor que los demás. Sus cabezas no fueron rapadas y pudieron quedarse con su propia ropa. No tenían que usar la letrina común, e incluso podían usar agua caliente para lavarse. Según informes, los Ovitz actuaban ante los administradores de Auschwitz y les aseguraban mucha diversión, aunque después de la guerra los mismos Ovitz se negaban rotundamente de haberlo hecho.

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Por supuesto, su vida en el campo no era de color rosa. Mengele llevaba a cabo varios experimentos con su ayuda: les tomaba grandes muestras de sangre y de médula ósea, les goteaba ácido en los ojos, y agua caliente o fría en los oídos, les infectaba las heridas para observar la reacción de sus organismos, o les extraía dientes sin anestesia. Los psicólogos les hacían cientos de preguntas y les forzaban a hacer varios tests, para comprobar su coeficiente intelectual. Muchas de las pruebas tenían que ver con las cuestiones más íntimas, que fueron las que más excitaban a Mengele.

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Aunque parezca imposible de creer, todos los Ovitz han llegado a la liberación del campo por los soldados del Ejército Rojo en enero de 1945. Los siguientes meses la familia pasó en la Unión Soviética, y luego volvió a Transilvania. Debido a que su casa familiar estaba saqueada, emigraron a Israel. Gracias a sus varios talentos artísticos, a mediados de los años 50 han podido comprar allí un cine y una cafetería, que se han convertido en la fuente de ingresos de la familia. Dos hijos de Shimson, Avram y Micki, tuvieron descendientes de estatura común (las hijas no han podido tener hijos). La última de los hermanos Ovitz, Perla, murió en 2001.

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