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Publicado 2015-10-22
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Los 15 objetos que usas a diario y que necesitas renovar

¿Te das cuenta de que regularmente usas 15 cosas que (a pesar de las apariencias) tienen fecha de caducidad? Fíjate si no hace falta cambiarlas. Una vez por unos meses registra la casa y, sin pena, deshazte de las cosas caducadas. Gracias a las pruebas más recientes, ya sabemos por qué limpiar a fondo es tan importante para la salud.

¿Te siguen picando los ojos y crees que de nuevo puede ser conjuntivitis? ¿Cada vez más a menudo sufres dolores de la espalda? ¿Crees que te has pasado haciendo ejercicios físicos y por eso te has dañado los tendones? Trata de recordar, desde cuándo usas el mismo liquido y estuche para tus lentes de contacto, si tu sujetador sigue cumpliendo su función como antes y si las zapatillas que usas para correr no se han deteriorado. Todos los días, al comprar comida o cosméticos, prestas atención a las fechas de caducidad, pero, a lo mejor, no sabes que los objetos a los que usas a diario, una vez pasados de la fecha, también pueden perjudicarte. Entérate, cuáles más.

El sujetador se afloja

¡Es un peligro! No sólo para tus pechos, sino también para la columna y los bazos. Incluso los sostenes elegidos con una precisión alemana, con el tiempo dejan de servir y simplemente se estiran. Es normal, ya que usándolos a diario y lavando regularmente (la lycra agregada a los sujetadores deportivos pierde su valor elástico después de unos 30-40 lavados; los de algodón son un poco más duraderos).

Por otro lado, llevar un sujetador demasiado suelto puede provocar el relajamiento de los ligamentos de Cooper (que responden por la forma bonita del busto), así como dolores de la espalda y de los brazos, ya que los pechos grandes pueden sobrecargar la columna de la misma forma que lo haría una mochila pesada o una bolsa llena de compras.

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Las zapatillas de deporte no dan más de si

Estas se van a quedar en casa si están rotas (una suela o plantilla gastada, rasgaduras, etc.).  Los corredores más experimentados siguen una regla que dice que a las zapatillas más pesadas, con una suela más gruesa, típica de entrenamientos, hemos de cambiarlas después de 1500-2000 mil kilómetros pasados. Las zapatillas de suelas más finas, perfectas para maratones, es mejor cambiarlas más o menos después de 500 kilómetros.

¿Cuánto tiempo es eso? Si entrenas todos los días, debes adquirir un par nuevo cada 4-6 meses. ¿Por qué no se puede usar un par de zapatillas por más tiempo? Porque una presión duradera sobre las plantillas hace que se deforman y dejan de adherirse a los pies y provocan contusiones.

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Las almohadas tienen inquilinos

Ni siquiera te apetece saber de ellos, pero sí, están ahí. Después de 6 meses de uso, los ácaros pueden ocupar hasta 10 por ciento de tu almohada preferida. Viven en todas las casas y no tienen ganas de mudarse. Les gusta demasiado la humedad y el calor (gracias a ellos pueden reproducirse sin problemas). ¿Qué peligros conlleva dormir en su compañía? Las infecciones nasales, rinitis alérgica, asma...

Podemos luchar contra ellos lavando las almohadas cada uno o dos meses, en la temperatura de 60 grados, aunque esto tampoco garantiza que te deshagas de todos los “inquilinos”. Las almohadas, tanto sintéticas, como de pluma, tienen que cambiarse.

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El colchón se estropea

Esto significa que no te servirá más. Un buen colchón siempre debería ser elástico y ajustarse al cuerpo. Sólo entonces aliviará la columna. Dormir en una superficie irregular quita el apoyo a la espalda y pelvis, y esto no puede pasar.

Cuando, mientras duermes, tu cuerpo se hunde en un hueco surgido en la superficie del colchón, das vueltas con más frecuencia intentando ponerte en una posición más cómoda y te despiertas sin querer. No es de extrañar que por la mañana te levantes cansado, dolido y con calambres de piernas y brazos. Una persona que pesa entre 60 y 80 kgs. gasta un colchón cada 7 años. Este proceso se puede frenar dando vuelta al colchón de vez en cuando, pero, de todas formas, al final habrá que echarlo.

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El edredón esconde algo

Volvemos al tema de los encuentros cercanos con los “invasores”. Seamos sinceros: ¿has podido meter la almohada a lavar, pero no fue tan fácil con el edredón, así que te diste por vencido/a, no? Por esta misma razón, los ácaros están más que bien. Lavar edredones de pluma no tiene sentido: necesitan mucho tiempo para secarse así que pueden pudrirse (y el contacto con el moho irrita la piel y las vías respiratorias).

En el caso de los edredones sintéticos este problema no existe, pero ni siquiera si los lavas cada dos semanas, eliminarás todos los ácaros. Sacudir las sábanas no resuelve el problema, y si lo haces dentro del dormitorio, puedes incluso esparcir las bacterias por el cuarto. Lo sentimos, hay que tirarlos.

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La tabla está cortada

El tiempo de tu tabla para picar llega a su fin, cuando empieza a oscurecer. Lo mismo tiene que ver con las cucharas de madera. Necesitamos una tabla única para las carnes, otras para el pescado, verduras y pan. Los científicos de la Universidad de Alabama comprobaron que sobre la tabla para picar carne puede haber muchísimas más bacterias que en el inodoro. Todo porque la carne cruda se pudre rápidamente.

Las bacterias que se desarrollan ahí pueden sobrevivir en una tabla de cortar más de 4 horas e, influenciadas por el calor, reproducirse rápido. Esto puede conllevar intoxicaciones alimentarias o enfermedades, tales como p. ej.salmonella. Lo peor es que, para librarse de microbios, no sólo hay que lavar la tabla con agua con detergente y secarla. Puesto que las bacterias tienen sus trucos, para sobrevivir pueden entrar en los cortes de madera (o plástico). Escalda las tablas de estos materiales después de cada uso, y al cabo de 1 o 2 años, tíralas a la basura. De las de madera deshazte incluso antes, cuando empiecen a oscurecer, porque esto es una muestra patente de su putrefacción. La mejor elección son las tablas de vidrio (no acumulan gérmenes y dejan quitar los restos de la comida con más facilidad).

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Las esponjas ensucian en vez de limpiar

¿Te cuesta creerlo? Los científicos de Arizona han descubierto que las esponjas usadas en el hogar suponen un buen hábitat para las bacterias de E. coli, estafilococos y salmonella. La superficie de las esponjas para lavar (tanto sintéticas, como los estropajos de alambre) está llena de bacterias. ¿Por qué? Porque allí se acumulan los restos de la comida, que se pudren debido a una temperatura más alta que la temperatura ambiente (la cual suele ser típica de toda cocina) y humedad.

No sorprende el hecho de que ya al ser usada una sola vez, en la esponja pueden aparecer más de mil millones de microbios. Mientras tanto, la gran mayoría de nosotros la utiliza hasta que empiece a emitir mal olor. Para evitar infecciones alimentarias, está bien cambiar la esponja cada 2 semanas, y, entre tanto, cuidar que esté limpio después de fregar los platos. Y ¿cómo hacerlo? Mételo al microondas por 2 minutos y deja que la alta temperatura actúe sobre él. También puedes meterlo en agua hirviendo con un poco de vinagre y zumo de limón, y estrujar

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Los utensilios están frágiles

Los cuencos y tazones de cerámico se han cubierto de una red de rayitas, la olla esmaltada luce mal... pero ninguno gotea, así que los sigues usando. ¿Estás loco? ¡A la basura! Ni te imaginas cuántas bacterias pueden esconderse en estas hendiduras. Pero eso no es todo. Los expertos aconsejan que nos deshagamos de los utensilios cerámicos dañados, debido a que pueden emitir plomo, que es nocivo para la salud.

Por el mismo motivo hay que tener cuidado con los patrones y dibujos de colores: tanto las pinturas, como los calcos cerámicos que se pegan en los platos y queman, para que los colores luzcan más intensivos, además del plomo pueden contener trazos de cadmio (los dos compuestos, en algunos casos, pueden lesionar el sistema nervioso central).

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El líquido para las lentes de contacto te perjudica

Utilizándolo de mala forma, pones en peligro la salud de tus ojos. Los oculistas aconsejan usar sólo las soluciones nuevas y estériles para guardar los lentes de contacto. Esta regla la rompen sobre todo los usuarios esporádicos de lentillas. ¿No sabes qué hacer con una botella de líquido de las vacaciones pasadas? Tirarla.

Ya 3 meses después de abrir la botella, el preparado no sirve. Los especialistas también avisan que no se debe usar el líquido después de caducar, ya que las soluciones de este tipo con el tiempo cambian de propiedades y no cumplen su función antibacteriana (no desinfecta los lentes, por lo cual puede provocar infección ocular).

Advertencia: por cuestiones de higiene, no toques con las manos el orificio de la botella. Puedes contaminar el líquido y exponer los ojos al efecto de las bacterias.

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Los estuches para lentes de contacto

Además de los lentes, puede guardar bacterias y polvo, por lo cual hace falta enjuagar y escaldarlo a menudo, y tirarlo más adelante. Antes de que viertas el líquido al estuche, para poner allí los lentes, deberías limpiarlo y secarlo. ¿Cuál es la mejor forma de hacerlo? Pasa el interior con un bastoncillo, enjuágalo con agua hirviendo y desinféctalo con el líquido para los lentes.

Ahora podrás dormir tranquilo, porque te has ocupado bien de su mantenimiento. Mañana vas a usar los lentes durante unas cuantas horas, y te has asegurado de no dejar que tengan contacto con microbios. ¿No te da tiempo para cosas así? Cambia de estuche por lo menos cada tres meses (así lo sugieren los oculistas), o compra lentes desechables. Estos últimos son también más recomendados en el caso de p. ej. salir de vacaciones, sobre todo porque cuando estás descansando no tienes ganas de estar pendiente de algo tan diminuto, pero a la vez porque el agua marina, arena y sudor pueden ensuciar las lentillas y provocar una infección o una conjuntivitis.

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Las gafas de corrección

Si los marcos están desajustados o los cristales rayados, llega el tiempo para visitar a un óptico. En caso contrario, prepárate para sufrir dolores de ojos y de cabeza. Las gafas -al igual que los zapatos- si están mal calibradas, van a causar problemas. Según los especialistas, cada 6-12 meses vale la pena consultar el tema de los marcos con el óptico, para estar al tanto del estado de las patillas. Si usamos las gafas a diario, se gastan: mal ajustadas, se deslizan de la nariz y, por tanto, necesitan que se las sostenga. Todo esto nos hace tensar sin querer los músculos de las sienes y de las mejillas, lo que a largo plazo provoca la irritación de las terminaciones nerviosas, el dolor empieza a extenderse y lo termina de notar toda la cabeza.

¿Cuando te quitas las gafas, tiras de las patillas? Esto también las puede deformar y desajustar. Deja que el óptico vea si no hace falta apretarlas. Eso sí, no hay remedio para unas lentes rayadas: a estas hay que sustituirlas por otras, tan pronto como te empiecen a incomodar la vista.

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El cepillo ya no hace nada

Si los filamentos comienzan a separarse, en vez de limpiarte los dientes te puedes dañar las encías. En opinión de los dentistas, lo único que se puede hacer con un cepillo de más de 3 meses, es tirarla a la basura. Después -o incluso antes de ello, si tiendes a cepillarte los dientes enérgicamente- los filamentos se deterioran y dejan de llegar uniformemente a todas las partes de tu dentadura.

Y ¿qué ocurre con las encías? La cerda torcida las irrita y favorece las infecciones, que pueden provocar la retracción de las encías. Este proceso es bastante peligroso y puede llevar a la hipersensibilidad de los cuellos dentales descubiertos (su síntoma más característico es el dolor sentido a la hora de comer platos fríos o calientes). Para terminar, el último argumento: cuanto más tiempo llevamos usando un cepillo, más bacterias se encuentran sobre su superficie. Advertencia: incluso si es nuevo, un cepillo tiene que tirarse si hemos pasado una infección de garganta, amígdalas o la sinusitis, y no queremos que la enfermedad vuelva a aparecer.

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Esponja de baño

Siempre hay que escurrirla fuerte, para impedir que las bacterias y los hongos -a los que tanto les gusta la humedad- se reproduzcan. Los dermatólogos advierten que las esponjas pueden agravar el acné en la piel de los hombros y de la espalda. Por eso mismo, no deberían usarlas las personas que suelen tener problemas con las imperfecciones, y la piel grasa. Si esto no te incumbe, tampoco creas que puedes pasar del tema.

Cambia tu esponja regularmente, o usa guantes de ducha (mucho más higiénicas y exfoliantes).

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La pumita / piedra pómez

¿Te parece nueva? No lo creas. Ya desde el primer uso, sobre su superficie se acumulan bacterias. Compras su versión más natural y orgánica, pero no te acuerdas que es uno de los utensilios de aseo que con más frecuencia hace falta cambiar. Junto con la epidermis, dentro de sus poros se multiplican las bacterias que pueden causar una intoxicación (sobre todo tienen que ver con personas afectadas por el problema de la resequedad de los talones).

Por esta razón, como sugieren los dermatólogos, cada pumita -incluidas las sintéticas- se debería tirar después de unos 10 o 15 usos. Las opciones más seguras son los ralladores de pies, a las que se puede lavar y secar con facilidad.

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Las chanclas

¿Te pones las chanclas para ir a la piscina y protegerte del pie de atleta? Muy bien. Peor, si te olvidas de sacarlas del bolso y dejar que se sequen. Los dermatólogos aconsejan limpiar las chanclas de goma y secarlas bien después de cada uso. Se ha comprobado que una visita en la piscina puede dejar en su superficie 18 mil tipos de las bacterias (entre ellas, los estafilococos responsables de las infecciones de la piel).

¿Pasaste todo el verano usando las mismas chancletas? Estas vacaciones cómprate un par nuevo. Las suelas hechas de goma se gastan rápido, y cuanto más fina, peor amortigua los pasos. Esto puede producir dolor de los pies y diversas lesiones.

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Extrañas fotos que definen lo absurdo...
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