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Publicado 2018-08-07
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Formas en las que el estrés afecta al cuerpo

Cuando estás sometido a una serie de situaciones agobiantes, el hipotálamo, una pequeña torre de control de tu cerebro, decide activar las hormonas del estrés. Estas son las mismas que desencadenan la respuesta de “lucha o huida” del cuerpo, por lo tanto, el corazón y la respiración se aceleran y los músculos se preparan para la acción. Si bien es cierto que tales respuestas están diseñadas para proteger al organismo de cualquier emergencia, cuando el estrés sigue aumentando día tras día y se acumula, podría llegar a poner a tu salud en grave riesgo…

El estrés es una reacción física y mental natural a las experiencias de la vida, y todos lo experimentamos de vez en cuando. El problema es que la medida de defensa mediante la cuál el cuerpo se activa estaba diseñada para superar una situación que podría durar unos minutos, pero que en nuestra sociedad se puede eternizar y terminar generando una condición para la cual nuestro organismo no está preparado. El estrés termina por pasarnos factura a corto, medio y largo plazo.

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Cualquier cosa, desde las responsabilidades cotidianas, como el trabajo y la familia, hasta acontecimientos graves de la vida, como la muerte de un ser querido, pueden desencadenar una sensación de estrés. El problema es que la sociedad nos empuja cada vez más a vivir esas situaciones hasta que llegamos a tomarlas como algo cotidiano. Nos hemos acostumbrado a un nivel de vida muy por encima de lo que nuestro cuerpo es capaz de soportar.

Para situaciones inmediatas y de corto plazo, el estrés puede ser beneficioso para la salud, ya que te ayuda a enfrentar situaciones potencialmente serias. Un ataque de un animal, una situación de riesgo o algo similar nos hace despertar el instinto de supervivencia, tomamos decisiones rápidas y respuestas musculares muy superiores a lo normal. Por desgracia ese mecanismo no está diseñado para usarse en un periodo largo en el tiempo, por lo que cada vez que lo hacemos recibimos unas consecuencias muy negativas.

Sin embargo, si tu respuesta al estrés no disminuye, y sus niveles se mantienen elevados por más tiempo del necesario para la “supervivencia”, la salud puede verse afectada seriamente. La visión que tenemos de la vida en esos momentos comienza a generarnos toda una enorme lista de reacciones químicas que terminan por causarnos enfermedades de carácter muy grave. Es por ello importante tomar conciencia de la importancia de controlar esta situación.

El estrés crónico, por ejemplo, puede causar una variedad de síntomas y afectar al bienestar general; algunos de los síntomas incluyen: irritabilidad, ansiedad, depresión, dolores de cabeza o insomnio entre otros. La sensación de que tu vida es un continuo problema puede llegar a apagarte desde dentro hasta que te conviertes en un fantasma sin sentimientos ni emociones. Simplemente sientes que nada tiene sentido ni merece la pena continuar intentando avanzar. En realidad la respuesta de nuestra mente no podría estar más en contra.

Cuando el sistema nervioso central emite la respuesta de “lucha o huida”, el hipotálamo activa las glándulas suprarrenales que liberan las hormonas del estrés adrenalina y cortisol. Esta última se encarga de liberar en nuestro organismo energía mediante el aumento de azúcar en sangre. El motivo es que se consigue aportar un extra de combustible para que nuestro cuerpo pueda enfrentar una situación de riesgo. Por supuesto esto a largo plazo se transforma en un auténtico enemigo.

Por otro lado, la adrenalina es la encargada de preparar nuestro organismo para una afluencia muy superior del torrente sanguíneo. Esto se traduce en un aumento del ritmo cardíaco, una dilatación de las venas y arterias y una consecuente sobreoxigenación de músculos, corazón y otros músculos importantes para el cuerpo. La maquinaria de nuestro cuerpo comenzaría así a funcionar al cien por ciento de nuestra capacidad, incluso un poco más de lo que puede soportar normalmente. No obstante eso no supone nada positivo si se dilata, ya que es forzar nuestro mecanismo y obligarlo a pasar por una situación crítica.

Nuestro cerebro tratará de encontrar la forma de acabar con la situación que le genera el estrés pero no siempre de la forma más efectiva, sino que buscará lograrlo mediante la trampa que acelere el proceso. Si ello implica el uso y abuso de sustancias, alcohol, aumento de apetito, disminución o hasta aislamiento social, el director del organismo tomará las decisiones sin consultarnos. De nuevo, solo estaremos para pagar las consecuencias de nuestros actos.

Las hormonas del estrés también afectan a los sistemas respiratorio y cardiovascular; si el afectado ya tiene problemas como asma o enfisema, la situación puede hacer que le sea mucho más difícil poder respirar. Otras dolencias que afecten a nuestro aparato respiratorio se podrían ver agravadas seriamente, por lo que tratar de ignorar las consecuencias de una vida estresante podría costarnos muy caro. No obstante seguimos rascando solo la capa superior del problema.

Además, como el corazón bombea más rápido, los vasos sanguíneos se estrechan y desvían oxígeno a los músculos, lo que aumenta considerablemente la presión arterial y los riesgos de sufrir un accidente cerebrovascular o ataque cardíaco. Esto se traduce en que nuestras venas y arterias estarían forzadas al máximo para poder permitir la sobreafluencia de sangre y podrían llegar a romperse provocando desde lesiones graves hasta incluso consecuencias mucho más irreversibles.

Del mismo modo, bajo estrés, el hígado produce glucosa en la sangre para darte un impulso extra de energía, aumentando el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. El consecuente incremento de peso, ya que nuestro cerebro obtendría “felicidad” al comer y por lo tanto sufriríamos de unas consecuencias igualmente graves. Si bien es cierto que algunos casos de diabetes pueden ser erradicados, podrían suponer un riesgo en caso de no ser correctamente tratados.

Al verse afectado el sistema digestivo, es más probable que tengas acidez estomacal o reflujo gracias al aumento del ácido; aunque el estrés no causa úlceras, sí que provoca un mayor riesgo de tenerlas o empeora las ya existentes. Al ser el estómago una zona expuesta a unas condiciones extremas, la curación de heridas suele ser muy compleja, teniendo que apoyarse en medicamentos para poder paliar las situaciones más complicadas.

El estrés también puede afectar la forma en que los alimentos se mueven a través del cuerpo, provocando una seria diarrea o estreñimiento, experimentando, asimismo, náuseas, vómitos y dolor de estómago. Nuestro organismo va a tratar de liberar todo el peso de nuestro cuerpo para lograr liberar ese exceso de peso. No obstante a la larga supone un problema muy serio si se prolonga casi indefinidamente. Lo que en un principio para algunos podría ser algo positivo, para nuestro organismo es completamente un desastre nutricional.

Los músculos se tensan para protegerse de las lesiones cuando estás estresado, y si la situación no cambia, esa gran tensión causa dolores de cabeza, espalda y hombros, así como malestar general en el cuerpo; con el tiempo, desencadena un ciclo insalubre a medida que dejas de hacer ejercicio y recurres a los analgésicos. Es muy importante por lo tanto aprender a relajarnos, a utilizar el ejercicio como una vía de liberación de estrés y como un calmante natural.

Además, no es raro perder la libido cuando estás bajo estrés constante, y mientras que a corto plazo puede ser bueno, el efecto no dura. Por lo tanto, los niveles de testosterona de un hombre disminuyen mucho, causando incluso disfunción eréctil o impotencia, así como una infección de los órganos reproductivos, como la próstata y los genitales. Esta nueva situación puede contribuir en gran medida a agravar la situación, llegando a ser una propia fuente de malestar en sí misma.

Para las mujeres, el estrés puede afectar el ciclo menstrual, conduciendo a periodos irregulares, más pesados y dolorosos. El estrés crónico también magnifica los síntomas físicos de la menopausia, haciendo que nuestros cuerpos se hinchen en exceso y colaborando en un malestar general tanto físico como mental. Por supuesto mucha gente cree que es algo únicamente relativo al propio proceso natural, cuando en realidad tiene este potenciador silencioso y letal de fondo.

Con respecto al sistema inmunitario, el estrés lo ralentiza, creando una situación muy complicada, pues nos veremos irremediablemente más afectados por enfermedades normales, aumentando sus efectos y provocando que tardemos mucho más tiempo en recuperarnos. Por supuesto esto acarrea una larga lista de inconvenientes de cara a tener que sufrir esta situación durante un plazo prolongado. Nuestro cuerpo se suele encontrar siempre debilitado.

Pero con el tiempo, las hormonas del estrés debilitan el sistema inmunológico y reducen la respuesta del cuerpo a los invasores externos. Las personas bajo estrés crónico son más susceptibles a enfermedades virales como la gripe y el resfriado común, así como a otras infecciones. También aumenta el tiempo que tarda una persona en recuperarse de una enfermedad o lesión. No podemos dejar de buscar ayuda en profesionales que nos acompañen en el proceso de recuperación. El estrés es una situación de la que se puede y se debe salir.

Este artículo tiene únicamente fines informativos y no está destinado a proporcionar asesoramiento médico. Paraloscuriosos no se hace responsable de las posibles consecuencias de cualquier tratamiento, ejercicios, dietas, aplicación de medicamentos o cualquier acción similar que resulte de leer o seguir la información contenida en este artículo. Antes de realizar cualquiera de las actividades aquí propuestas consulte con su médico o proveedor de atención médica. ¡No dude en compartir este artículo con todo el mundo y en dejar un Me gusta en nuestra página de Facebook!
Fuente: Twitter

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